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Lo mejor que pudieron ofrecer

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María y José le dieron a Jesús el mejor cuidado que le pudieron ofrecer. ¿Qué podrías tú ofrecerle hoy?

“Y mientras ellos se encontraban allí, se cumplió el tiempo de que ella diera a luz, y allí tuvo a su hijo primogénito; y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en ese albergue.” – Lucas 2:6-7

María amaba a su bebé. Puedes verlo en sus acciones. Lo envolvió en pañales, que consistían en tiras de tela con las que las madres solían atar a sus bebés para que crecieran derechos y fuertes. Y, por supuesto, ella quería lo mejor para su bebé. Así que debe haberlos empacado antes de salir de Nazaret, en caso de necesidad. No eran de seda o satén, pero eran lo mejor que podía ofrecer.

José también amaba al bebé. Podemos verlo por todo el esfuerzo que hizo para mantener a Jesús y a su madre a salvo. ¿Fue él quien trajo el pesebre para que Jesús pudiera tener un lugar seguro donde dormir y María no tuviera que preocuparse por él? Parece probable. No podía proporcionarle a Jesús una cuna, pero al menos podía sacarlo del piso. Fue lo mejor que pudo ofrecer.

¿Y Dios el Padre? Ah, su amor fue el mejor de todos. Porque él también proporcionó lo mejor que podía ofrecer: Jesús mismo, nuestro Salvador. Dios no nos envió un ángel. No envió a un hombre sabio y santo, ni a un gran líder, ni a un héroe legendario. Envió a su propio Hijo Jesús a la humanidad, Dios encarnado, nacido como un bebé humano.

Jesús se ofreció por nosotros, desde el primer día de su vida hasta el último. Se ofreció a sí mismo en la cruz para destruir el poder del pecado, la muerte, y el diablo. Sacó a toda la raza humana de debajo de esos terribles poderes. Y cuando resucitó de entre los muertos, garantizó que quien confía en él tendrá lo mejor de lo mejor: será hecho hijo de Dios y disfrutará de su amor y de una vida profunda, alegre y significativa para siempre.

¿Quién podría ofrecer algo más?

ORACIÓN: Padre, gracias por Jesús. Toma mi corazón y ayúdame a confiar en tu Hijo para siempre. En su nombre. Amén.

Para reflexionar:

- Menciona una cosa que Dios te ha dado esta semana que muestre su amor.

- ¿Qué cosa, grande o pequeña, quieres ofrecerle a Dios porque lo amas?

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