¡Lleva mucho fruto en tu vida!

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Las pruebas te ayudan a fijar tu atención en aquello que es más importante que la realidad misma que puedes estar viviendo.

Me gusta mucho el sol y el calor, por lo que obviamente prefiero el verano al frío invierno… Sin embargo, he aprendido con el tiempo a reconocer las ventajas de esta estación tan particular del año: la blancura resplandeciente de la nieve, las chimeneas llameantes en los hogares, y, por supuesto, el periodo festivo de Navidad.

Asimismo, aprendí a apreciar las estaciones más “frías” de mi vida, esas temporadas donde la espera se hace larga y el silencio de Dios se hace pesado.

Esos tiempos son también beneficiosos en tu vida. ¿Sabes por qué? Desde hace unos días te he estado entrenando para que consideres las pruebas que vienen a tu vida como aliadas, y no como enemigas, ya que las pruebas te enseñan a:

- Poner tus ojos en Jesús,

- Agarrarte a Él, 

- Esperar en Él,

- Quitar los ojos de tus circunstancias.

De esta manera, las pruebas te ayudan a fijar tu atención en aquello que es más importante que la realidad misma que estás viviendo ahora. Así lo expresa Eclesiastés 3:11, “Todo lo hizo hermoso en su tiempo...”

Es verdad que la frialdad del invierno puede parecer desagradable, incluso dolorosa. No obstante, no solamente es beneficiosa, sino necesaria. En efecto, Dios creó las estaciones para dar un ritmo a nuestra vida y permitir a la tierra “respirar” entre cada una de ellas. El invierno permite a la naturaleza entera tomarse un “break” para así poder descansar, antes de que empiece a producir de nuevo flores, frutas, y nuevos brotes.

De esta manera, Dios te recuerda que debes vivir esta temporada de invierno en el reposo, con esa espera confiante y tranquila de que, después del invierno, llegará la primavera y el verano, acompañados de sus frutos. Dios es el dueño de los tiempos y de las estaciones. Él sabe lo que es mejor para ti. Espera pacientemente a la primavera, donde podrás de nuevo llevar frutos, en el tiempo de Dios.

¿Quieres orar conmigo ahora, querido(a) amigo(a)? “Señor, gracias por haberme animado en este día. Creo que este “tiempo muerto” donde me invitas al descanso es necesario a fin que lleve de mucho fruto en mi vida, para gloria Tuya. En el nombre de Jesús, amén.”

Creo que hoy Dios desea que aprendas a amar al “invierno” tanto como amas las otras estaciones de tu vida. 

¡Qué tengas un buen día, En la Presencia del Maestro del tiempo...!

Gracias por existir,
Éric Célérier

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