Llaves de la prosperidad

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Ante las nuevas enseñanzas acerca de la prosperidad, es importante tener claro el contexto y el objetivo principal dado por Dios.

“Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma”, 3 Juan 2

¿Es el progreso material un concepto bíblico? ¡Completamente! mas no es su énfasis ni objeto principal.

La Biblia, en su objetivo central y principal, fue escrita para el alma del hombre, para su salvación y crecimiento espiritual a la estatura de la plenitud de Cristo (Efesios 4:13). De ahí que estudiarla con otro enfoque que no satisfaga este principio es violar su contenido y torcer las intenciones santas de Dios y las verdades en ella escrita.

La prosperidad material no es la evidencia de que el alma del cristiano progresa y madura en la dirección que Dios quiere. La tercera carta de Juan, apóstol de una gran profundidad espiritual reflejada en todos sus escritos, no es un compendio sobre la doctrina de la prosperidad material como muchos pretenden. Los versículos que anteceden al versículo 2 evidencian el enfoque del tema como eminentemente espiritual, al elogiar a Gayo por su buen proceder a diferencia de Diótrefes.

¡Cuán importante es el contexto al estudiar la Palabra de Dios con seriedad! El contexto es el dispositivo con el que se enfoca el versículo o pasaje en cuestión, así como el aro en el lente de la cámara fotográfica.

Del contenido de la carta, junto con el apoyo de otros textos bíblicos, obtenemos algunos principios acerca de la prosperidad del alma:

- La prosperidad del alma está intrínsecamente ligada a una continua meditación de la Palabra de Dios (Josué 1:8, Salmo 1:2-3).

- La prosperidad del alma se ve reflejada en nuestras acciones y testimonio (3 Juan 3-4).

- Un alma que prospera es un alma que se aleja del pecado y del camino de pecadores, medita continuamente en la Palabra (Salmo 1), muestra por la buena conducta sus obras (Santiago 3:13) y su actuar no está influenciado por la idea de impresionar a otros sino al Dios en quien ha creído.

- La prosperidad del alma se traduce en llevar las necesidades de los demás (3 Juan 5-6).

- La prosperidad del alma no es sinónima de llevar puestos de importancia en la iglesia.

Amadas, en tiempos de extrema liviandad espiritual y amplia tergiversación de las Escrituras, es meditando y andando en la Verdad día y noche como podremos desarrollar el discernimiento para distinguir entre lo bueno y lo malo, lo real y lo ficticio, y lo principal de lo secundario.

Oración: Padre, que la prosperidad de nuestra alma sea nuestro norte y principal objetivo y no los negocios de esta vida, a fin de agradar a Aquél que nos tomó por soldado (2 Timoteo 2:4). En el nombre de Jesús, amén.

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