Libertad en gracia

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En nuestra propia fuerza somos impotentes contra los esquemas del enemigo. Pero en la gracia de Dios vivimos por su fuerza.

Pasaje Bíblico: “El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley. ¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!” – 1 Corintios 15:56-57

Vivimos en un mundo construido en base a transacciones. Damos y recibimos. Solo recibimos lo que ganamos o merecemos. Somos contratados y despedidos en base a nuestras habilidades y rendimiento. Comprometimos nuestras vidas a este sistema de causa y efecto, disfrutando de los días de éxito y haciendo una mueca al pensar en el fracaso. Y a menudo, como creyentes, tomamos este sistema de obras con el que nos hemos sentido muy cómodos y lo aplicamos a nuestra relación con Dios.

Nos relacionamos con Dios de la misma manera en que nos relacionamos con un empleador. Pensamos que si vamos a la iglesia, le damos a Dios nuestro dinero, pasamos suficiente tiempo con él por la mañana, somos felices y ayudamos a la gente, entonces Dios nos va a estar contento con nosotros. Si podemos dejar de pecar, entonces Dios nos amará más. Pero los caminos de Dios no son como los nuestros. El Nuevo Testamento llama a esta relación transaccional con Dios vivir bajo la ley y nos habla de un nuevo sistema a través de Cristo llamado gracia.

Dios estableció la ley como un sistema para que su pueblo fuera purificado a través del sacrificio. Por miles de años, la santidad de Dios requirió que sus hijos pagaran un precio por su pecado para estar en relación con él. El pecado nos separó de nuestro Padre celestial como la pared de una celda separa a un prisionero de la libertad. Nuestra única esperanza de guía y amor era vivir bajo los mandatos de nuestro justo y santo Dios, y fracasamos miserablemente. Así que la gracia intervino donde las obras nunca podrían prevalecer. Gálatas 4:4-7 dice:

“Pero, cuando se cumplió el plazo, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, a fin de que fuéramos adoptados como hijos. Ustedes ya son hijos. Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: ‘¡Abba! ¡Padre!’.  Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y, como eres hijo, Dios te ha hecho también heredero”.

Jesús vivió la vida perfecta que ninguno de nosotros podría vivir, y luego se ofreció como el sacrificio final y definitivo, comprando libertad para todos los que creyeran en él. Él nos salvó a ti y a mí de la ley y nos ofrece gracia.

Pero aún persistimos en pagar la pena por nuestro propio pecado, como si la muerte de Jesús no fuera suficiente. Aun elegimos una relación transaccional en lugar de una relación de gracia. Pero lo que a menudo no entendemos es cómo la gracia libera del pecado. 1 Corintios 15:56-57 dice: El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley. ¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!”. Cuando vivimos bajo la ley, estamos atados por el pecado y separados de la victoria en Cristo. Y Romanos 6:14 dice: Así el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, porque ya no están bajo la ley, sino bajo la gracia”. Es por vivir en gracia que experimentamos la continua liberación del pecado. En nuestra propia fuerza somos impotentes contra los esquemas del enemigo. Pero en la gracia de Dios vivimos por su fuerza. Al reconocer nuestra necesidad de la gracia y la ayuda de Dios, vivimos por el poder de Dios.

Ya ves, somos estimulados a la libertad mediante el amor incondicional de nuestro Padre celestial. Él ofrece un amor lleno de gracia para guiarnos fuera de los sistemas de este mundo. Es el poder de la relación restaurada lo que sienta las bases para que podamos elegir estar satisfechos en él en lugar de estarlo con lo que el mundo ofrece. Gálatas 5:1 dice: Cristo nos libertó para que vivamos en libertad. Por lo tanto, manténganse firmes y no se sometan nuevamente al yugo de esclavitud”. Ya no estás esclavizado por la ley, Cristo te ha liberado. Así que debes elegir someterte a la vida de gracia que te han ofrecido. Tienes que elegir vivir a la luz del poder de Dios trabajando en ti en lugar de apoyarte en tus propias obras para lograrlo. Tienes que elegir reconocer tu debilidad para recibir la fuerza que su gracia te ofrece.

Libérate de la esclavitud de vivir la vida con tu propia fuerza. Deshazte de las cadenas de orgullo que te atan a un estilo de vida de pecado y recibe una revelación fresca del amor incondicional de Dios. Tu Padre celestial te ama simplemente porque te ama. No hay nada que puedas hacer que lo haga amarte más, y no hay nada que puedas hacer que lo haga amarte menos. Permite que su amor lleno de gracia transforme tu corazón hoy y te guíe a una vida de libertad.

Guía de Oración:

1. Medita sobre la importancia de vivir bajo la gracia y no bajo las obras.

El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley. ¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!” – 1 Corintios 15:56-57

Así el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, porque ya no están bajo la ley, sino bajo la gracia” – Romanos 6:14

2. Confiesa cualquier forma en la que has estado buscando una relación con Dios a través de las obras. ¿Has pensado en la necesidad de hacer o ser algo para obtener su afecto y aprobación? ¿Has velado tu corazón de alguna manera, como resultado del pecado o la equivocación?

3. Elige hoy vivir una vida libre de pecado bajo el poder de la gracia. Apóyate en Dios para obtener orientación y poder. Reconoce tu debilidad y recibe la fuerza que viene del Espíritu Santo escribiendo la historia de la gracia en cada página de tu corazón.

Que puedas recibir la paz que solo puede venir viviendo tu vida en total sumisión a Dios. El orgullo solo te cargará. Tratar de demostrarte a ti mismo y a los demás que eres autosuficiente, que tienes todo lo que necesitas, solo traerá fracaso, frustración y pecado. Cuando el deseo de engrandecerte vuelva a tu corazón, recuerda a dónde te lleva el camino de la ley y a dónde el de la gracia. Elige vivir tu vida en respuesta a la gracia de Dios, trabaja a partir de la revelación de que ya eres amado y descubre una nueva libertad del pecado.

Lectura Complementaria: Romanos 6

Por Craig Denison

 

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