Liberación de la vergüenza

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Jesús nos libera del pecado y de la vergüenza, cargándolas en su propia espalda, para que vivamos como personas perdonadas por Dios.

“Los escribas y los fariseos le llevaron a una mujer que había sido sorprendida cometiendo adulterio.” – Juan 8:3

Es cierto que esta mujer había pecado mucho, pero ¿quién no iba a sentir lástima por ella, arrastrada a la luz del día para enfrentar la vergüenza pública frente a los líderes religiosos en el templo, sola, sin nadie que la defendiera? Y ella sabía que había algo peor por venir, pues tales mujeres eran apedreadas por su pecado. Perdería la vida y, si tenía hijos, ellos perderían a su madre. No tenía ninguna esperanza.

Sin embargo, Jesús estaba allí, en medio de su horrible situación. Pero... ¿qué estaba haciendo? ¿Escribiendo en el suelo? Ella no lo entendía, pero sabía una cosa: él no se uniría al coro de condena que la rodeaba. Estaba en silencio, ocupado escribiendo. Como lo seguían molestando, se puso de pie para decir una sola cosa: “Aquel de ustedes que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra”. Y luego se agachó y siguió escribiendo.

Ya sabemos el resto de la historia: los líderes se fueron uno a uno, hasta que no quedó nadie más que Jesús. La mujer estaba a salvo y libre. Y la última palabra de Jesús a ella fue: “Tampoco yo te condeno. Vete, y no peques más”.

Jesús muestra un amor asombroso a los pecadores atrapados en la trampa mortal de la vergüenza. Primero se deshace de la audiencia a la que le encanta avergonzar, recordándoles su propio pecado y vergüenza. Y luego, en privado, libera a la mujer pecadora. El Hijo de Dios sin pecado se niega a condenarla. Él llevará su vergüenza, y la nuestra, a la cruz.

¡Estas son buenas noticias! Esto es un consuelo para cualquiera que tenga recuerdos que lo avergüenzan. Jesús nos llama no para condenarnos sino para perdonarnos, limpiarnos y aliviarnos. Él nos quita la vergüenza y la carga sobre su espalda; nos libera del pecado y de la vergüenza para que vivamos como personas perdonadas por Dios. Esto es para ti y para mí.

ORACIÓN: Gracias, querido Jesús, por liberarme del pecado y la vergüenza. Amén.

Para reflexionar:

- ¿Cómo lidias con el dolor de la vergüenza?

- Jesús cubre toda nuestra vergüenza y nos da su honor y dignidad. ¿Cómo te hace sentir eso?

Por: Dra. Kari Vo

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