Levantados

Description

Unidos en el bautismo a la muerte, sepultura y resurrección de Jesús, hemos sido levantados para vivir al lado del Señor.

¿Quién como el Señor nuestro Dios? El Señor tiene su trono en las alturas, pero se digna inclinarse para ver lo que ocurre en el cielo y en la tierra. El Señor levanta de la nada al pobre, y saca del muladar al pordiosero, para darles a los dos un lugar entre los príncipes, entre los gobernantes de su pueblo. – Salmo 113:5-8

En algunas leyendas y cuentos de hadas, el rey en su trono, rodeado y protegido por soldados y asesores judiciales, siente curiosidad por la vida de sus súbditos. Entonces, un día, el rey deja a un lado sus túnicas reales y se viste con harapos. Evitando a sus guardias, el rey se desliza por la puerta trasera del palacio (sí los palacios tienen una puerta trasera) y camina, sin ser reconocido, por la ciudad. Él ve cómo vive y trabaja su gente y escucha sus problemas. Aprende lecciones que, con suerte, lo convertirán en un rey mejor y más sabio.

Según el salmista, el Señor está sentado en su trono celestial, mirando hacia abajo a los cielos y la tierra sobre los cuales Él gobierna. En un relato que no es una leyenda o un cuento de hadas, sino la verdad absoluta del Evangelio, nuestro Rey celestial dejó a un lado Su gloria y descendió a la tierra. Tomó en sí mismo carne humana, y nació entre nosotros como uno de nosotros. El Dios-Hombre, Jesucristo, no solo se mezcló con sus súbditos por un día o un par de días o semanas. Vivió, trabajó, curó y enseñó entre su pueblo durante unos 30 años. Luego, a la hora señalada, el Rey que había dejado a un lado la gloria del cielo fue coronado, no con oro sino con espinas, despojado incluso de sus vestiduras terrenales comunes y clavado en una cruz. Jesús nuestro Rey no solo tomó sobre sí nuestra carne humana, sino que llevó nuestros pecados en su propio cuerpo en la cruz. Sufrió la pena de muerte que merecíamos por nuestros pecados y, con su muerte y resurrección, nos levantó del polvo y las cenizas del pecado y la muerte.

Unidos en el bautismo a la muerte, sepultura y resurrección de Jesús, hemos sido levantados "para sentarnos con príncipes", y princesas, nuestros hermanos y hermanas en Cristo Jesús. Nuestro Dios y Salvador nos miró con compasión y amor. Él dejó su trono y vino a la tierra para vivir, morir y resucitar para hacernos su propio pueblo, su sacerdocio real, su nación santa. Dios nos dio vida junto con Cristo "y también junto con él nos resucitó, y asimismo nos sentó al lado de Cristo Jesús en los lugares celestiales" (Efesios 2:6). Ahora, como nuestro Rey resucitado y reinante, podemos alcanzar y levantar a otros a través de la fe en Cristo para que ellos también puedan unirse en comunión con nosotros, ahora y por toda la eternidad.

ORACIÓN: Señor Jesús, por tu muerte y resurrección hemos sido levantados y resucitados a una nueva vida como tu pueblo santo. Guíanos a ser testigos fieles de ti y a servir a los demás con compasión y amor. Amén.

Para reflexionar:

1. ¿Por qué le importaría a Dios levantar a los pobres del polvo y a los necesitados del montón de cenizas?

2. El mundo está lleno de gente golpeada. ¿Tu corazón está con ellos? ¿Existen condiciones o circunstancias humanas que muevan / toquen tu corazón más que otras?

Por: Dra. Carol Geisler

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