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Levantado y restaurado

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A pesar de la persecución el Rey David siempre supo que la victoria sería suya. ¿Crees lo mismo ya que tienes a Jesús?

Todos los que me odian se unen contra mí y sólo piensan malas cosas. Hasta dicen: «Lo que tiene es cosa del demonio; cayó en cama, y no volverá a levantarse.» Aun mi mejor amigo, en quien yo confiaba, el que comía conmigo, me ha traicionado. Y a mí, ¡sostenme por causa de mi integridad! ¡permíteme estar en tu presencia para siempre! – Salmo 41:7-9, 12

David tenía razones para creer que había quienes querían atraparlo, porque era cierto. El rey Saúl, consumido por una furia celosa, trataba de matarlo por lo que lo persiguió a través del desierto. Como rey, David luchó contra los enemigos de Israel y se vio obligado a sofocar una rebelión inspirada por su propio hijo. Con pensamientos ilusorios, los enemigos del salmista preguntan: "¿Cuándo morirá? ¿Cuándo será olvidado?" (Salmo 41:5).

Quizás compartamos con razón los temores de David y nos unamos a él en su clamor a Dios. Los enemigos reales e imaginarios nos persiguen. El mundo que nos rodea vive en un conflicto permanente. El miedo y la duda, la enfermedad y el dolor, el pecado y la muerte nos amenazan y abruman. Satanás, nuestro principal enemigo, está siempre tratando de hacernos caer. Pero David conocía la respuesta a sus problemas: ¡Dichoso aquél que piensa en los pobres! En los días malos el Señor lo ayudará” (Salmo 41:1).

El Señor de David es nuestro Señor, el Hijo mayor de David, nuestro Salvador Jesucristo. Jesús ciertamente consideró a los pobres; nos consideró a nosotros y puso nuestras necesidades por encima de las suyas. A lo largo de su ministerio terrenal los enemigos lo persiguieron, preguntándose con intenciones maliciosas: "¿Cuándo morirá? ¿Cuándo será olvidado?". Los oponentes de Jesús imaginaron lo peor para él y lo hicieron realidad. Un amigo cercano, un discípulo, traicionó al Hijo de David entregándolo en manos de sus enemigos y esos enemigos se regocijaron: «Lo que tiene es cosa del demonio; cayó en cama, y no volverá a levantarse». La ira mortal de Dios contra nuestro pecado fue derramada sobre Jesús; el Hijo de Dios sin pecado sufrió la pena de muerte en nuestro lugar.

Pero el triunfo de los enemigos duró poco: solo tres días. Jesús fue levantado de la muerte en la primera mañana de Pascua, victorioso sobre todos los enemigos. David expresa su confianza en los actos redentores de Dios en su vida, en la vida del Mesías y en nuestras vidas. De acuerdo con el canto de alabanza de David, Dios libera, protege, sostiene, restaura, sostiene y nos pone en su presencia para siempre. Hace mucho tiempo, inspirado por el Espíritu Santo, David sabía que la victoria sería suya. Y ahora, en Cristo nuestro Señor, también es nuestra victoria.

ORACIÓN: Señor Jesús, Hijo de David, consuélanos con las promesas de tu Palabra. Perdona nuestros pecados, líbranos de todo mal y llévanos a salvo a tu reino celestial. Amén.

Para reflexionar:

1. ¿En algún momento te has sentido perseguido? ¿Dónde o en qué buscaste ayuda?

2. ¿Qué le dirías a alguien que está pasando por un momento similar?

Por: Dra. Carol Geisler

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