¡Levántate!

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Dios es el único que puede hacer milagros, y el primero es darle vida a nuestros espíritus.

Pero Pedro le dijo: 'No tengo oro ni plata, pero de lo que tengo te doy. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y anda!' Hechos 3:6

Radi Kaiof era un paracaidista del ejército israelita. Radi sufrió una caída que lo dejó paralizado. Los médicos estaban absolutamente seguros del pronóstico cuando le dijeron: "Nunca más va a volver a caminar".

Pero los médicos estaban equivocados... al menos en parte. Porque gracias a un invento llamado ReWalk, Radi volvió a caminar.

Es difícil explicar lo que es un ReWalk, pero imagine algo así como un "traje" con soportes motorizados para las piernas, sensores para el cuerpo, una mochila y una caja con los controles. A través de un control remoto, el usuario le comunica a la máquina lo que quiere hacer: pararse, sentarse, caminar, trepar, o bajar las escaleras. Luego se inclina hacia delante, y las piernas robóticas se encargan del resto.

Su inventor dice: "Levanta a las personas de las sillas de ruedas y les permite pararse... no mejora sólo su salud, sino también su dignidad".

Cuando leí esa historia, pensé: "¡Qué tiempos maravillosos estamos viviendo! Es cierto que el traje ReWalk no debe ser muy cómodo o práctico, pero quienes antes no podían caminar, ahora pueden. ¡Es un milagro!"

Entonces me di cuenta que ReWalk no era para nada un milagro.

ReWalk es algo maravilloso, sin lugar a dudas una invención brillante que va a enriquecer las vidas de muchas personas. Pero, aún así, ReWalk no hace que los paralíticos dejen de ser paralíticos.

Los milagros son cosa de Dios. Él es el especialista en esa área. Jesús levantó un paralítico, y también lo hicieron Pedro y Juan en el texto de esta devoción. Qué hermosas palabras: "... lo que tengo te doy. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y anda!" Y el hombre se levantó y anduvo.

Con su sufrimiento, muerte y resurrección, Jesús nos dice a cada uno de nosotros: "Levántate de tus pecados y recibe el perdón. Deja atrás tu vida de lisiado, pues has sido restaurado".

Si está pensando: "¿Por qué, entonces, no me cura el cuerpo?", mi respuesta es: "Tenga paciencia; ya lo va a hacer. El tiempo de la gracia de Dios aún no ha terminado".

ORACIÓN: Señor Jesús, gracias por curar mi alma del pecado y sus consecuencias. Dame fuerza y constancia para servirte con lo que soy y lo que tengo. En tu nombre. Amén.

Por: Pastor Ken Klaus

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