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Las pequeñas cosas del amor

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Ya sea que "sintamos" amor o no, siempre podemos amar con nuestras acciones, y lo mismo pasa hacia Dios.

Jesús le respondió: «El que me ama, obedecerá mi palabra; y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y con él nos quedaremos a vivir. El que no me ama, no obedece mis palabras; y la palabra que han oído no es mía, sino del Padre que me envió… Ya no hablaré mucho con ustedes, pues viene el príncipe de este mundo, que ningún poder tiene sobre mí. Pero para que el mundo sepa que amo al Padre, hago todo tal y como el Padre me lo ordenó. Levántense, vámonos de aquí. – Juan 14:23-24, 30-31

¿Guardas viejas cartas de amor? ¿Qué tal en tu teléfono? ¿Guardas mensajes de texto y mensajes de voz de tus familiares, personas que amas, incluso si ya fallecieron? Si es así, no eres inusual, pues valoramos las palabras de las personas que amamos.

Cuando Jesús estaba hablando con sus discípulos la noche en que fue arrestado, dijo: “El que me ama, obedecerá mi palabra; y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y con él nos quedaremos a vivir”. La palabra “obedecer” nos pone a muchos cristianos en problemas; inmediatamente comenzamos a pensar en la obediencia (lo que está bien) y en ganar el favor de Dios (lo cual es imposible). Y luego nos atamos con nudos legalistas tratando de "obedecer" todos los mandamientos, o hacemos lo contrario y abandonamos la obediencia cristiana por completo.

¡Pero no tiene que ser así! La palabra griega para "obedecer" es tereo, que significa guardar, atender con cuidado, atesorar. Es lo que hacemos con aquello que amamos: no lo ignoramos ni lo tratamos con desdén, sino más bien lo cuidamos, le prestamos atención y lo preservamos. Las madres cuidan a sus hijos de esta manera y los seguidores de un maestro atesoran sus palabras.

También puede ser así para nosotros como seguidores de Jesús. Conocemos su amor, pues lo hemos visto en acción cuando sufrió y murió por nosotros para lograr nuestro perdón, y cuando resucitó para darnos vida eterna. Jesús es nuestro Salvador, y por ello lo amamos.

Esto le da un giro diferente a la idea de obedecer su Palabra. Si él nos ama y nosotros lo amamos a él, ¡por supuesto que apreciaremos su Palabra! Por supuesto que lo tendremos en cuenta y que pensaremos en él y que trataremos, aunque sea en forma débil y vacilante, de hacer las cosas que él nos pide que hagamos. Porque en la obediencia encontramos gozo. Esto no tiene nada que ver con "ganar la salvación"; él ya la ha ganado para nosotros. Sí tiene todo que ver con demostrarle que le amamos a través de nuestras palabras y acciones.

Es cierto que no siempre sentimos el amor. Y así es; los sentimientos van y vienen y no podemos construir una vida, o nuestra fe, en base a ellos. Pero ya sea que "sintamos" amor o no, siempre podemos "amar" con nuestras acciones, así como hacemos cosas por amor para nuestras familias y amigos, más allá de nuestros sentimientos hacia ellos en el momento. No vamos a lograr obedecer su Palabra a la perfección, pero el Espíritu Santo obrará en nosotros para que crezcamos en el amor a Dios que se manifiesta en nuestras vidas.

ORACIÓN: Querido Señor, aumenta mi amor por ti y ayúdalo a florecer en acciones que te agraden. Amén.

Por: Dra. Kari Vo

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