Labrando la Tierra del Corazón: El cuerpo de Cristo

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La iglesia no es perfecta, pero es la Novia de Dios, y donde él quiere que crezcamos junto a otros creyentes imperfectos.

Pasaje Bíblico: “Pues, así como cada uno de nosotros tiene un solo cuerpo con muchos miembros, y no todos estos miembros desempeñan la misma función, también nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a todos los demás” – Romanos 12:4-5

Uno de los regalos más útiles que Dios nos ha dado para hacer que nuestros corazones sean receptivos a él es el tenernos los unos a los otros. La iglesia es un grupo de personas hermosas y también rotas. Somos hermosos por la gracia de Dios trabajando en cada uno de nosotros haciéndonos más como Jesús. Estamos rotos porque todavía no caminamos en la plenitud de lo que Cristo hizo por nosotros en la cruz. La mayoría de nosotros hemos sido heridos por algo que sucedió en una iglesia. La mayoría de nosotros hemos sentido enojo, frustración o molestia con un compañero creyente. Pero si vamos a caminar en la plenitud de lo que Dios quiere para nosotros aquí en la tierra, debemos continuamente perdonarnos y pedirnos perdón unos a otros, someternos a un grupo de seguidores de Cristo y compartir la vida con los creyentes de acuerdo con la palabra de Dios.

La Biblia es clara en que el mejor lugar para prosperar es en comunidad con otros creyentes. Romanos 12:5 nos enseña que todos somos “un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a todos los demás”. Hebreos 10:24-25 dice: “Preocupémonos los unos por los otros, a fin de estimularnos al amor y a las buenas obras. No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca”. Y Efesios 4:15-16 nos enseña que “al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo. Por su acción todo el cuerpo crece y se edifica en amor, sostenido y ajustado por todos los ligamentos, según la actividad propia de cada miembro”. Nos necesitamos los unos a los otros. Estamos unidos como el cuerpo de Cristo hecho para funcionar como uno solo, tanto para nuestra edificación como para el cumplimiento de los propósitos eternos de Dios en el mundo.

Para hacer que la tierra de tu corazón sea blanda y receptiva a Dios, debes ayudar a aquellos que Dios ha colocado a tu alrededor. Estamos creados para adorar con el cuerpo de Cristo por toda la eternidad, ¡y eso incluye ahora! No esperes a vivir las promesas de Dios más adelante. La iglesia no es perfecta, pero es la Novia de Dios. A él le encanta derramar su presencia de maneras únicas y específicas cuando nos reunimos. Hay una forma de crecimiento que tú necesitas y que solo tiene lugar en presencia de otros creyentes. Hay bendiciones que solo se pueden recibir cuando abres tu corazón a la familia de Dios. Todos tenemos heridas; todos necesitamos la gracia; todos nos necesitamos los unos a los otros. La persona que más te molesta es la que más necesitas. Del mismo modo que necesitas lo que otros creyentes a tu alrededor tienen para ofrecer, otros te necesitan a ti, tal como fuiste diseñado en forma exclusiva.

Dios nos pide que nos humillemos ante él y entre nosotros. Filipenses 2:3 nos enseña a no hacer “nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos”. Cuando te humilles encontrarás una paz que nunca estará disponible si vives para tus propias ambiciones. Cuando te sometes a personas imperfectas, regalas tus derechos y encuentras la gracia de Dios que se derrama sobre aquellos que verdaderamente consideran a los demás como más importantes que ellos mismos. Es en la sumisión a los demás y en la entrega de nuestros propios derechos que la tierra de nuestro corazón se vuelve blanda y receptiva a Dios. Es pasando tiempo con otras personas imperfectas que nos edificamos y somos estimulados a pasar más tiempo con Dios.

A menudo es en la extensión de la gracia y el perdón entre nosotros que nos parecemos más a Cristo, el que sufrió y murió en el acto más grande de humildad por nosotros que somos indignos. Ofrece tu amor a quienes no lo merecen. Toma tu lugar en la comunidad con aquellos que son imperfectos. Abre tu corazón a aquellos que no te traten con perfecta amabilidad. Encuentra tu lugar único en el cuerpo y sirve con fidelidad a la comunidad en la que Dios te ha colocado para que puedas ser modelado a la semejanza de Cristo.

Guía de Oración:

1. Pídele a Dios que te muestre la comunidad de la que él quiere que seas parte. Ya sea que esta respuesta se reciba de inmediato o mediante la búsqueda y visita de iglesias, confía en que Dios te guiará al cuerpo local que ha planeado para ti.

2. Pídele a Dios que te muestre tu lugar en la comunidad. Esto cambiará a medida que pase el tiempo, por lo que es bueno hacerle esta pregunta a Dios continuamente, especialmente si te sientes fuera de lugar.

3. Ahora pídele a Dios que te muestre qué siente con respecto a la iglesia. No podemos vivir y amar por nuestra propia fuerza. En cambio, debemos buscar lo que Dios siente por su pueblo y alinearnos con él.

El deseo de Dios para la iglesia es vasto y poderoso. Él ha amado a su pueblo en perfecta fidelidad a pesar de todas nuestras transgresiones y divagues. Cuando no mostramos gracia y amor a quienes nos rodean, no vivimos como Dios desea que vivamos para su pueblo. Si quieres vivir lo más cerca posible de lo que Dios desea, debes buscarlo con el resto de su cuerpo. Algún día todos seremos perfectos y podremos adorar juntos cara a cara con el Dios viviente. Un día, cada tribu, lengua y nación declararán juntas las maravillas del asombroso amor de Dios. Vive a la luz de la eternidad hoy. Adora aquí como lo harás en el cielo, y observa cómo el cielo invade la tierra a tu alrededor con la gloria y el amor de Dios.

Lectura Complementaria: Efesios 4

Por Craig Denison

 

 

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