La verdad de la santificación

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El regalo de la santidad es tuyo y debe ser continuamente desenvuelto y experimentado, día tras día.

Hay un nivel de libertad del pecado en Cristo que la mayoría de nosotros en el cuerpo aún no hemos alcanzado. Jesús oró en Juan 17:14-19:

“Yo les he entregado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco lo soy yo. Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad. Como tú me enviaste al mundo, yo los envío también al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad”.

Jesús declara una verdad acerca de ti y de mí que todavía tenemos que interiorizar en forma completa: que nuestra santificación está vinculada a su consagración. Él declara que no somos del mundo como tampoco lo es él, que nos ha enviado al mundo tal como fue enviado él, y ora para que seamos santificados en la verdad.

Durante mucho tiempo hemos estado ociosos con el increíble regalo de la libertad comprado al precio más alto por la sangre de Cristo; lo hemos dejado sin abrir y, por lo tanto, no lo hemos experimentado. Por la sangre de Jesús, somos transformados y pasamos de ser del mundo, o de las condiciones y quebrantamientos del mundo, a recibir una nueva naturaleza e identidad de justicia y santidad. 2 Corintios 5:17 dice: “Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!”. Y más adelante, en el versículo 21, Pablo escribe: “Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios”. El regalo de la santidad es tuyo y debe ser continuamente desenvuelto y experimentado, día tras día. Tu porción es la justicia y la paz en el Espíritu Santo, no el peso y las consecuencias de este mundo forjado por el pecado.

Entonces, ¿cómo abrimos este increíble regalo de la santidad? ¿Cómo buscamos la santificación? ¿Qué significa ser santificado en la verdad? Se comienza por renovar nuestra mente todos los días según la verdad de nuestra nueva naturaleza en Cristo. Nunca podremos vivir con rectitud si continuamente creemos que somos pecadores por naturaleza. Cristo nos ha dado una nueva naturaleza y nos ha llenado con el Espíritu Santo que nos ofrece la libertad del pecado en medio de cada tentación. Pero, a menos que pasemos tiempo a solas renovando nuestra mente y permitiendo que el amor de Dios nos satisfaga y nos transforme, la justicia solo será una meta elevada que se parece inalcanzable.

Luego, debemos buscar obedecer al Espíritu Santo cada vez que nos guíe a hacerlo. 1 Tesalonicenses 4:3-8 dice:

“La voluntad de Dios es que sean santificados; que se aparten de la inmoralidad sexual; que cada uno aprenda a controlar su propio cuerpo de una manera santa y honrosa, sin dejarse llevar por los malos deseos como hacen los paganos, que no conocen a Dios; y que nadie perjudique a su hermano ni se aproveche de él en este asunto. El Señor castiga todo esto, como ya les hemos dicho y advertido. Dios no nos llamó a la impureza, sino a la santidad; por tanto, el que rechaza estas instrucciones no rechaza a un hombre, sino a Dios, quien les da a ustedes su Espíritu Santo”.

No debemos dejar de lado la guía hacia la pureza que nos brinda el Espíritu Santo. Si sientes que no deberías ver un programa de televisión o una película, no lo hagas. Si el Espíritu te quita la paz con respecto a cualquier cosa que estés haciendo, sigue su guía. Lo que estés haciendo en ese momento quizás no sea un pecado, pero podría llevarte por un camino hacia el pecado. Confía en la guía del Espíritu. Sigue hacia donde te lleven su paz, su presencia y su palabra. Y persigue la obediencia y la libertad a toda costa. Que hoy puedas experimentar la santificación en la verdad mientras meditas y pasas tiempo en comunión con el Espíritu en la oración guiada.

Guía de Oración:

1. Medita en la verdad de la Biblia acerca de tu justicia. Permite que la palabra de Dios transforme tu forma de pensar acerca de ti mismo y del pecado. Permítele sentar las bases de tu presente búsqueda de santificación y romper los vínculos con las debilidades pasadas y el pecado.

“Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!”. 2 Corintios 5:17

"Cristo nos libertó para que vivamos en libertad. Por lo tanto, manténganse firmes y no se sometan nuevamente al yugo de esclavitud”. Gálatas 5:1

“Así que, si el Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres”. Juan 8:36

2. Pide perdón por cualquier pecado que tengas en tu vida. Pasa tiempo recibiendo el perdón de Dios y permítele establecer una base para la justicia. Pregúntale por qué luchas con ciertas tentaciones. Pregúntale cuál es el camino a la libertad para ti.

“Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad”. 1 Juan 1:9

“Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir”. 1 Corintios 10:13

“Dichoso el que resiste la tentación porque, al salir aprobado, recibirá la corona de la vida que Dios ha prometido a quienes lo aman. Que nadie, al ser tentado, diga: ‘Es Dios quien me tienta’. Porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni tampoco tienta él a nadie. Todo lo contrario, cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen. Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte. Mis queridos hermanos, no se engañen”. Santiago 1:12-16

3. Pasa tiempo descansando en la presencia de Dios. Deja que su amor te llene, te satisfaga y te transforme. Toma nota de cuánto más satisfactoria es la presencia de Dios que cualquier otra cosa del mundo.

“Por tanto, para que sean borrados sus pecados, arrepiéntanse y vuélvanse a Dios, a fin de que vengan tiempos de descanso de parte del Señor, enviándoles el Mesías que ya había sido preparado para ustedes, el cual es Jesús.”. Hechos 3:19-20

“Para mí el bien es estar cerca de Dios. He hecho del Señor Soberano mi refugio para contar todas sus obras”. Salmo 73:28

El Dios al que sirves te ama y anhela darte poder y liberarte de todo pecado que te enrede con quebrantamiento del mundo. Por lo tanto, que puedas estar lleno de gozo ante la verdad de quién eres en Cristo, que puedas perseguir la obediencia y la justicia con fervor y devoción, y que logres experimentar la vida abundante disponible para ti al ser continuamente santificado en la verdad.

Lectura Complementaria: 1 Tesalonisenses 4

Por Craig Denison

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