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La tentación de engañar

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El riesgo más grave se corre cuando se cree que se es demasiado fuerte como para fallar.

“El que encubre sus pecados no prosperará, más el que los confiesa y los abandona hallará misericordia” – Proverbios 28:13

Nadie es inmune a la tentación de engañar, sobre todo cuando el dinero está de por medio. Algunas personas establecen sus respuestas antes de la situación y son capaces de resistir, no sobre la base de su propia fuerza sino en la de Dios.

Cuando era un hombre de negocios no salvo, la tentación de engañar era un problema constante y persistente. Muy a menudo no era un deseo de mentir, sino, más bien, de simplemente omitir algunos hechos pertinentes acerca de un producto o un comprador potencial. Después de todo –me decía– lo que no saben no les hará daño.

A veces ese viejo cliché es correcto y a veces es incorrecto, pero siempre encontré que al que le dolía era a mí. Sentía culpa y una pérdida de honor. Como cristiano, asumí naturalmente que dichas debilidades nunca me tentarían de nuevo, especialmente cuando estuve más familiarizado con la Palabra de Dios.

La única manera de fracasar es engañándote a ti mismo en la creencia de que eres demasiado fuerte como para fallar. Muchas veces en nuestras vidas hay situaciones en las que podríamos caer en una violación de los principios de Dios sin que seamos detectados; de hecho, ocurre muchas veces.

Afortunadamente, cuando Jesús fue a la cruz, Él abrió el camino del arrepentimiento. Lo único que tenemos que hacer para restaurar la comunión con Dios es arrepentirnos y pedir perdón.

El perdón sigue al arrepentimiento genuino. 

 

Lectura Bíblica Diaria

Números 30-31

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