La separación de las razas

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Ya que todos venimos de Adán y Eva, entonces, en realidad todos somos de la misma raza.

“Sr. Palau:

¿Es cierto que con la separación de las razas comenzó la maldad en el mundo?”

Respuesta:

Creo que usted está pensando en lo que bíblicamente se llama la torre de Babel. En aquel entonces, toda la tierra tenía una sola lengua. Entonces cuando el orgullo entró al corazón de la raza humana, Dios confundió la lengua de la raza humana para que ninguno entendiese el habla de su compañero y de esa manera Dios los esparció sobre la faz de toda la tierra.

Dejaron de edificar la torre que era un símbolo de su arrogancia y comenzaron a poblar el resto del mundo. Dice la Biblia, en el libro de Génesis capítulo 11: "Confundió Dios el lenguaje de toda la tierra, y desde la torre de Babel los esparció sobre la faz de toda la tierra". La palabra "Babel" es una palabra hebrea que significa "confundir".

Sin embargo, hay una sola raza en cuanto a los hombres, y es la raza humana. Creo que a menudo usamos mal la palabra cuando decimos que existe la raza blanca, la raza negra, la raza amarilla. Los médicos pueden utilizar la sangre de un individuo de las Américas, colocarla a una persona del África y no le afecta para mal.

Igualmente, usted puede tomar sangre de una persona de la China y colocársela en las venas de un individuo de América del Sur y puede salvar su vida sin causarle ningún mal ni ninguna transmutación, o sea, cambio. Entonces, somos una sola raza. En el libro de los Hechos, el mismo San Pablo dice en el capítulo 17: "De un solo hombre, Adán, creó a la humanidad y luego distribuyó las naciones sobre la faz de la tierra, tras decidir de antemano cuáles habrían de surgir y desmoronarse, y cuándo ocurriría esto. Y determinó sus fronteras".

Pero por otro lado, es verdad que la raza humana se divide en dos, aunque en el terreno espiritual. Están los cristianos y los que no lo son. Los cristianos son los que han recibido a Cristo en el corazón como su Salvador personal. Los no cristianos son los que no han recibido a Cristo, que lo han rechazado o no han querido abrirle el corazón a Dios.

Pero todos venimos de la misma raíz, de Adán y Eva; el primer hombre y la primera mujer que Dios creó. Así que, no nos despreciemos los unos a los otros. Amémonos, porque somos parte de la misma raza. Pero si no tenemos todos a Cristo en el corazón, aunque seamos de una misma raza, terminaremos en diferente destino.

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