La senda de los justos

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En medio de nuestra oscuridad, brilla con toda su intensidad la promesa del Altísimo.

“Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto”, Proverbios 4:18

Todas hemos sido testigo de un bello amanecer. ¡Qué hermoso es ver el sol levantarse cual gigante, como esposo que sale de su tálamo (cama nupcial), para quebrantar con su luz la oscuridad de la noche! Todo amanecer es precedido por una larga ausencia de luz (madrugada) que baña con sus tinieblas todo lo que encuentra a su paso.

La vida del creyente es como la luz de la aurora. Antes de que el alba rompa, le preceden muchas tinieblas.¡Cuántas espinas se encuentran en el camino del justo! Son muchas las lágrimas vertidas en la intimidad de nuestra habitación; son muchas las decepciones sufridas; cuántos golpes recibidos en silencio que tan sólo nosotras sabemos cuán profundo nos han lacerado; frustraciones sinnúmero, sueños destrozados en añicos, estrecheces económicas, hambre, frío, desvelos, enfermedades, disgustos, vicisitudes sin límites; en fin, una larga cadena de contrariedades que, en ocasiones, nos han hecho sentir como el atlas de la mitología griega, cargando el peso del mundo en nuestros hombros.

Pero es aquí donde, en medio de nuestra oscuridad, brilla con toda su intensidad la promesa del Altísimo, “la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto”; hay un sentido de avance y progreso en el transitar del justo, “la senda del justo va en aumento”. Él no se queda estancado en el mismo sitio dando vueltas en círculos sin llegar a ninguna parte. Su senda conduce a un lugar muy definido; su camino, en medio del valle de sombra de muerte, se dirige hacia una salida; hay luz al final del túnel y como dice en Salmos 23:4 “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”.

Aunque no lo veamos, aunque estemos sumidas ahora mismo en la más densa tiniebla de los problemas de esta vida, nuestra senda sube, avanza, progresa como la luz de la aurora hasta que seamos bañadas por el hermoso amanecer de la resurrección o de la segunda venida de Cristo.

Dice Pedro 1:19 que: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones”.  Prontamente Cristo, el lucero resplandeciente de la mañana, brillará con todo el esplendor de la redención por toda la eternidad en nuestros corazones, para que nunca más veamos un pizca de tinieblas, porque el Cordero nos iluminará por los siglos de los siglos, como dice Apocalipsis 21:23.

Oración: Gracias Padre porque los días de nuestra aflicción están contados y marcados por tu misericordia y pronto regreso. Decimos junto al Espíritu, Ven Señor Jesús, ven. Amén.

Por Carmen García de Corniel 

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