La sabiduría no es suficiente (Parte 2)

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La acumulación de conocimiento no es suficiente si no está acompañado por la obediencia a Dios.

Como vimos en la primera parte, la sabiduría mundana no está basada en la verdad sino en la opinión pública del momento. Sin embargo, la verdadera sabiduría viene de Dios porque Él es el único omnisciente. Es obvio entonces que la sabiduría bíblica es diferente de la sabiduría mundial, pero ¿cómo podemos definir la sabiduría bíblica?

El pastor A. W. Tozer y el teólogo J. I. Packer definieron la sabiduría de las escrituras “como algo que trae consigo mismo una connotación moral. Es pura, amorosa y buena y es la habilidad de llegar a un final perfecto a través de medios perfectos. Es la habilidad de mantener todo enfocado con la habilidad de caminar hacia las metas predestinadas con precisión perfecta y es también la habilidad de elegir la mejor meta y la forma más segura para llegar donde ella.”

Obviamente, ¡sólo un ser omnisciente y omnipotente podría hacer todo esto! La perfección pertenece solamente a nuestro Dios y podemos participar en esta sabiduría cuando caminamos con Él. El carácter que hemos desarrollado define quiénes somos, cómo pensamos, e identifica lo que hacemos y cómo lo haremos. Si mi carácter ha sido desarrollado sobre las escrituras, mi manera de vivir será sabia; pero si está basado en la sabiduría mundana, estará basado en mentiras y entonces será cambiante con el tiempo por cualquier nueva “verdad” que surja.

Por esto Santiago 3:13 nos enseña: “¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Que muestre por su buena conducta sus obras en mansedumbre de sabiduría.” Una gran inteligencia no es necesaria para vivir sabiamente, porque hasta una persona sencilla puede ser sabia si su caminar está basado en la ley perfecta del Señor (Salmos 19:7).

Entonces, ¿es posible recibir la sabiduría verdadera del Dios real y todavía fracasar en nuestro pensamiento? Claro que si. 1 Reyes 3:11-12 nos narra cómo El Dios real dio a Salomón la sabiduría verdadera para que él pudiera gobernar al pueblo y discernir entre el bien y el mal, como nos advierte en 1 Reyes 3:9. “Dios dio a Salomón sabiduría, gran discernimiento y amplitud de corazón como la arena que está a la orilla del mar. Y la sabiduría de Salomón sobrepasó la sabiduría de todos los hijos del oriente y toda la sabiduría de Egipto.” (1 Reyes 4:29-30).

Si la sabiduría fuera suficiente, Salomón hubiera caminado bien toda su vida, pero esto no fue lo que pasó. Él era un hijo de Dios, con una porción mayor de sabiduría, recibió la sabiduría verdadera del Dios real, era rey del pueblo en un tiempo donde la realeza tenía soberanía sobre el pueblo; sin embargo, esto no fue suficiente para mantenerlo en la verdad.

Como seres humanos con corazones caídos y voluntades divididas, aun si tenemos la máxima sabiduría nunca será suficiente para mantenernos bien si esa sabiduría no está acompañada por la obediencia a Dios. “Si tú andas en mis estatutos, cumples mis ordenanzas y guardas todos mis mandamientos andando en ellos, yo cumpliré mi palabra contigo, la cual hablé a David tu padre, habitaré en medio de los hijos de Israel, y no abandonaré a mi pueblo Israel” (1 Reyes 6:12-13).

La sabiduría no nos sirve a menos que estemos caminando con El Señor. Él es quien orquesta las circunstancias, Él es quien conoce el futuro, Él es quien conoce nuestras debilidades y conoce los anhelos de nuestros corazones y Él es quien “obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito.” (Filipenses 2:13). Sin Él no podemos hacer nada (Juan 15:5).

Entonces, ¿la educación es capaz de liberarnos? La educación nos enseña a confiar en uno mismo, pero “El que confía en su propio corazón es un necio, pero el que anda con sabiduría será librado,” (Proverbios 28:26). Y tristemente, la confianza en uno mismo nos lleva a la muerte (Proverbios 16:25). Sabemos que “el corazón del prudente adquiere conocimiento, y el oído del sabio busca el conocimiento” (Proverbios 18:15).

La pregunta para nosotros es ¿qué fuente estamos usando para buscar la sabiduría? ¿Estamos buscando a Dios a través de su hijo Jesús “en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Colosenses 2:3) o estamos buscándola en cisternas rotas? Sabemos que “El camino del necio es recto a sus propios ojos, mas el que escucha consejos es sabio” (Proverbios 12:1), entonces tenemos que asegurarnos de que la fuente de nuestra sabiduría es Cristo y luego caminar en sus huellas (Romanos 12:2).

“Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento. Por cuanto tú has rechazado el conocimiento, yo también te rechazaré” (Oseas 4:6). Para tener un futuro tenemos que pedir la sabiduría de la fuente verdadera (Santiago 1:5) y caminar en la dirección opuesta al mundo y sobre las huellas de Jesús, porque si no, caminaremos en las huellas de Salomón y malgastaremos una vida que podía ser útil para Él.

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