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La restauración de la condición de hijo

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Permite que tu Padre celestial te cubra con su presencia y te dé hoy tu verdadera identidad.

Pasaje Bíblico: “Yo seré un padre para ustedes, y ustedes serán mis hijos y mis hijas, dice el Señor Todopoderoso”. 2 Corintios 6:18

Por el sacrificio de Jesús tú y yo hemos sido hechos hijos e hijas del Dios Altísimo. Hemos sido redimidos y transformados en hijos y herederos del reino de Dios. Romanos 8:15-17 dice:

“Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: ‘¡Abba! ¡Padre! El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y, si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues, si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria”.

En la historia del hijo pródigo el padre viste a su hijo caprichoso y rebelde con una túnica, un anillo y sandalias. Estos tres símbolos representan la restauración a la condición de hijo de diferentes maneras. El hijo que regresó a su padre para ser simplemente un esclavo fue inmediatamente restaurado como hijo y heredero. El padre no deseaba que su hijo pagara por sus propios pecados; él simplemente quería una relación restaurada con su hijo otra vez.

Nuestro Padre celestial siente lo mismo por nosotros. En la salvación fuimos restaurados a la posición correcta ante los ojos de Dios. 2 Corintios 6:18 dice: “Yo seré un padre para ustedes, y ustedes serán mis hijos y mis hijas, dice el Señor Todopoderoso”.1 Juan 3:1 dice: “¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre, que se nos llame hijos de Dios! ¡Y lo somos!”. No importa qué pecados cometamos, siempre seremos hijos de Dios. Ningún pecado que cometamos puede privarnos de la herencia de la relación gloriosa que nos ha dado la muerte de Cristo Jesús. Su amor es más fuerte que nuestro pecado.

Hoy en día en la iglesia hay una epidemia de creyentes que viven y sirven a su Padre como esclavos en lugar de hacerlo como hijos e hijas. Un esclavo trabaja y sirve pero no tiene una relación íntima con su amo. Un hijo vive empoderado con la verdadera relación con el Padre. Muchos discípulos están tratando de vivir para Jesús: van a la iglesia, van a un viaje misionero, enseñan a un grupo pequeño e incluso tratan de leer sus Biblias, pero no tienen verdadera comunión ni relación con el Padre. Así viví gran parte de mi vida cristiana. Solo cuando comencé a experimentar el corazón del Padre (sabiendo que él anhelaba que realmente lo conociera), cuando comencé a experimentar su amor y proximidad, y cuando me empoderé con una nueva identidad, comencé a vivir como un hijo.

Permite que tu Padre celestial te cubra con su presencia y te dé hoy tu verdadera identidad. Pregúntale cómo es vivir como un hijo o una hija que realmente conoce al Padre y que experimenta la alegría y la paz abrumadoras que provienen de la relación íntima con tu Dios.

Guía de Oración:

1. Medita en tu identidad como hijo o hija del Dios Altísimo. Permite que la Biblia llene tu corazón con un nuevo deseo de buscar una relación más profunda con tu Padre.

“Yo seré un padre para ustedes, y ustedes serán mis hijos y mis hijas, dice el Señor Todopoderoso”. 2 Corintios 6:18

“¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre, que se nos llame hijos de Dios! ¡Y lo somos! El mundo no nos conoce, precisamente porque no lo conoció a él”. 1 Juan 3:1

“Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: ‘¡Abba! ¡Padre! El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y, si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues, si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria”. Romanos 8:15-17

2. ¿De qué maneras crees que podrías estar viviendo como un esclavo más que como un hijo o una hija? ¿En qué áreas te falta la revelación y la experiencia del amor de Dios por ti?

3. Pídele a tu Padre celestial que hoy te revele la profundidad de su amor. Pídele que te guíe a un nuevo encuentro con su gracia, que te restaure y te guíe hacia una mayor relación con él.

“Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor”. Romanos 8:37-39

Qué asombrosos son el amor y la gracia de nuestro Padre como para que nos considere sus hijos. Qué grande es su amor por nosotros que, sin un esfuerzo propio, somos transformados en herederos de Cristo. No hay mayor privilegio que ser el hijo o la hija del Creador. No hay amor más grande que el que el Padre tiene para nosotros. Y no hay vida mejor que la que uno pasa en plena relación con el mismo Padre que se apresura a reunirse con nosotros, nos llama su hijo o hija en nuestros momentos más débiles y nos incorpora a su familia.

Lectura Complementaria: Romanos 8

Por Craig Denison

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