La parábola de la semilla de mostaza

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Al igual que la semilla de mostaza crece lo suficiente para convertirse en un árbol en el que las aves construyen su hogar, el reino de Dios ha transferido nuestra ciudadanía a un nuevo hogar.

Pasaje Bíblico: “El reino de los cielos es como un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. Aunque es la más pequeña de todas las semillas, cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en árbol, de modo que vienen las aves y anidan en sus ramas” – Mateo 13:31-32         

Jesús cuenta una hermosa parábola del reino de Dios en Mateo 12:31-32. Él enseña: “El reino de los cielos es como un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. Aunque es la más pequeña de todas las semillas, cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en árbol, de modo que vienen las aves y anidan en sus ramas”. Los árboles son hermosas imágenes de la capacidad de Dios para toma lo que consideramos débil o insignificante, una semilla, y hacer de él una creación magnífica y dadora de vida. Mateo 12 revela cómo los árboles pueden verse como imágenes del mismo reino de su Creador. Es notable que Dios quiera comenzar su reino de manera casi imperceptible para transformarlo luego en una creación hermosa y dadora de vida, gracias a su fiel cuidado.

Dios tomó la semilla de la muerte de un hombre, Jesús, para crear un hermoso árbol de salvación para toda la humanidad. Juan 3:17 dice: “Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él”. La ira de nuestro Padre celestial por nuestro pecado se derramó sobre Jesús y permitió que Dios liberara al resto de nosotros de la condenación eterna. Y a través de la semilla de la muerte de Jesús, Dios ha estado creando un movimiento mundial poderoso y eterno, llevando a las personas a una relación restaurada consigo mismo durante miles de años.

Al igual que la semilla de mostaza crece lo suficiente para convertirse en un árbol en el que las aves construyen su hogar, el reino de Dios ha transferido nuestra ciudadanía a un nuevo hogar. Filipenses 3:20 dice: “En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde anhelamos recibir al Salvador, el Señor Jesucristo”. Juan 15:19 dice: “Si fueran del mundo, el mundo los amaría como a los suyos. Pero ustedes no son del mundo, sino que yo los he escogido de entre el mundo. Por eso el mundo los aborrece”. El reino de Dios establecido a través de Cristo nos ha salvado de la esclavitud a este mundo y nos ha rescatado de nuevo en una relación restaurada con nuestro celestial Padre.

La parábola no solo describe la increíble expansión del reino de Dios de unos pocos a muchos, sino que también puede ilustrar la semilla de la salvación plantada dentro de cada uno de nosotros, que Dios pretende convertir en un árbol hermoso y fructífero. Lucas 17:21 dice: “El reino de Dios está entre ustedes”. El reino de Dios no está construido de ladrillo y cemento, sino de corazones humanos. Y 1 Pedro 2:2 nos ordena: “Deseen con ansias la leche pura de la palabra, como niños recién nacidos. Así, por medio de ella, crecerán en su salvación”. El deseo de Dios es regar la semilla de la salvación que él plantó en nosotros con el Espíritu y la palabra. Él anhela moldearnos y darnos forma a la semejanza de Jesús, para que podamos vivir vidas que rindan frutos increíbles.

Oseas 14:4-7 ilustra bellamente el corazón de Dios cuando dice: “Yo corregiré su rebeldía y los amaré de pura gracia, porque mi ira contra ellos se ha calmado. Yo seré para Israel como el rocío, y lo haré florecer como lirio. ¡Hundirá sus raíces como cedro del Líbano! Sus vástagos crecerán, y tendrán el esplendor del olivo y la fragancia del cedro del Líbano. Volverán a habitar bajo mi sombra, y crecerán como el trigo. Echarán renuevos, como la vid, y serán tan famosos como el vino del Líbano”. Dios quiere cuidar constantemente este don de salvación en cada uno de nosotros, así como también lo hace con el avance global de su reino, para que podamos producir el maravilloso fruto del Espíritu en cada área de nuestras vidas.

Y Dios es muy paciente con nosotros. La tierra ilustra su paciencia. Los árboles crecen año tras año, temporada tras temporada por su fiel cuidado. Al principio las flores nunca son tan hermosas como lo son luego, cuando están en plena floración. La tierra está sufriendo constantemente una transformación abundante a medida que la creación de Dios crece y cambia. Tú y yo no somos diferentes. El plan de Dios siempre ha sido moldearnos en hermosas imágenes de su amor. Él siempre ha deseado formarnos hasta que caminemos en una relación completa y restaurada con él. Y por la vida y muerte de Cristo, él ha allanado el camino para que sus deseos se hagan realidad.

Todo lo que nos queda es que participemos plenamente en este maravilloso proceso que él ha creado para nosotros. Participa en el crecimiento que Dios anhela dar a luz en ti al pasar tiempo en su presencia y su palabra. Deja que su mirada te transforme a su semejanza. Vive en obediencia a la palabra y deja que te guíe a una vida no conformada en este mundo. Sigue la guía del Espíritu mientras él trae sanidad a tu corazón y fruto en tu vida.

Pasa un tiempo en oración permitiendo que Dios trabaje hoy en tu corazón.

Guía de Oración:

1. Medita en el deseo de Dios de cultivar la semilla de la salvación que él plantó dentro de ti.

“Yo corregiré su rebeldía y los amaré de pura gracia, porque mi ira contra ellos se ha calmado.
Yo seré para Israel como el rocío, y lo haré florecer como lirio. ¡Hundirá sus raíces como cedro del Líbano! Sus vástagos crecerán, y tendrán el esplendor del olivo y la fragancia del cedro del Líbano. Volverán a habitar bajo mi sombra, y crecerán como el trigo. Echarán renuevos, como la vid, y serán tan famosos como el vino del Líbano” – Oseas 14:4-7

2. ¿En qué áreas necesitas crecer en tu propia vida? ¿Dónde necesitas llevar más fruto?

3. Pídele al Espíritu que te llene hoy nuevamente. Llénate de la presencia de Dios y deja que su amor te moldee y te forme a su semejanza. Pídele al Espíritu que te guíe a las áreas en las que él quiere que crezcas. Encuentra en la Biblia los pasajes que se relacionan a aquellas áreas en las que necesitas crecer y vivir en obediencia a la palabra de Dios.

“Así, todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu” – 2 Corintios 3:18

¡Qué grande es el amor de Dios por nosotros que no nos deja como estamos, sino que siempre nos está transformando! En un abrir y cerrar de ojos, Dios ve quiénes hemos sido, quiénes somos y quiénes seremos. Él conoce tu forma, cómo te ha creado y para qué has nacido. Cuanto más tiempo pases permitiéndole que te transforme, más te entenderás a ti mismo. Que hoy puedas descubrir y comprometerte con todo lo que tu Padre celestial quiere hacer en ti a través de su amor.

Lectura Complementaria: Juan 15

Por Craig Denison

 

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