La omnipresencia de Dios

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El Dios de todo consuelo, de toda misericordia, de todo perdón y de todo amor te rodea ahora mismo.

Pasaje Bíblico: “Aun el gorrión halla casa cerca de tus altares; también la golondrina hace allí su nido, para poner sus polluelos” – Salmo 84:3

La presencia de nuestro Dios está en todas partes. Se mueve, vive, respira y trabaja a nuestro alrededor. El Salmo 84:3 declara la extensión de la presencia de nuestro Padre celestial al decir: “Aun el gorrión halla casa cerca de tus altares; también la golondrina hace allí su nido, para poner sus polluelos”. El Salmo 84 proclama que incluso las aves desde el aire encuentran su hogar ante los altares del Dios todopoderoso y viviente. Incluso las aves del cielo se presentan ante la presencia de Dios cuando depositan a sus crías en los doseles. El salmo plantea la pregunta: si las aves se presentan ante su Creador siendo que existen simplemente aquí en la Tierra, ¿cuánto más disponible estará la presencia de nuestro Padre celestial para nosotros, sus hijos? ¿Cuánto más nos alcanza su mano a quienes ahora estamos cubiertos por el poderoso sacrificio de nuestro Señor Jesucristo?

No hay un lugar donde podamos correr y escapar del alcance de Dios. David escribe en el Salmo 139: 7-12: “¿A dónde podría alejarme de tu Espíritu? ¿A dónde podría huir de tu presencia? Si subiera al cielo, allí estás tú; si tendiera mi lecho en el fondo del abismo, también estás allí. Si me elevara sobre las alas del alba, o me estableciera en los extremos del mar, aun allí tu mano me guiaría, ¡me sostendría tu mano derecha! Y, si dijera: ‘Que me oculten las tinieblas; que la luz se haga noche en torno mío’, ni las tinieblas serían oscuras para ti, y aun la noche sería clara como el día. ¡Lo mismo son para ti las tinieblas que la luz!”. El Dios de todo consuelo, de toda misericordia, de todo perdón y de todo amor te rodea ahora mismo. Y como hijo de Dios, su Espíritu ahora mora dentro de ti.

Antes de la muerte de Jesús, el pueblo de Dios no tenía acceso constante a la plenitud de su presencia. La naturaleza de su santidad y nuestro pecado crearon una insuperable grieta entre nosotros y él. Pero a través de la muerte de Jesús, ahora tenemos acceso a la cercanía de Dios en cualquier momento, en cualquier lugar. El velo entre Dios y nosotros ha sido rasgado y ahora podemos vivir nuestras vidas experimentando constantemente la presencia manifiesta de nuestro Padre celestial.

¿En qué áreas necesitas la presencia de Dios para llenarte hoy? ¿Dónde necesitas consuelo, paz o paciencia? ¿Dónde necesitas ser amado, sostenido, querido o querido? Tu Padre celestial está esperando a salir corriendo para recibirte como lo hizo el padre con el hijo pródigo. Él está esperando para hacerte una fiesta donde eres su invitado de honor. Él te ama, te quiere y ahora te tiene. No hay mejor experiencia en la vida que conectarte directamente con tu Padre celestial. Que puedas abrir tu corazón y experimentar todo lo que él anhela derramar sobre ti hoy mientras pasas tiempo encontrándote con él en oración.

Guía de Oración:

1. Medita en la omnipresencia de Dios. Renueva tu mente con la disponibilidad de su presencia tangible.

“Aun el gorrión halla casa cerca de tus altares; también la golondrina hace allí su nido, para poner sus polluelos” – Salmo 84:3

“¿A dónde podría alejarme de tu Espíritu? ¿A dónde podría huir de tu presencia? Si subiera al cielo, allí estás tú; si tendiera mi lecho en el fondo del abismo, también estás allí. Si me elevara sobre las alas del alba, o me estableciera en los extremos del mar, aun allí tu mano me guiaría,
 ¡me sostendría tu mano derecha! Y, si dijera: ‘Que me oculten las tinieblas; que la luz se haga noche en torno mío’, ni las tinieblas serían oscuras para ti, y aun la noche sería clara como el día. ¡Lo mismo son para ti las tinieblas que la luz!” – Salmo 139:7-12

2. Ahora pídele a Dios que te llene con el conocimiento de su presencia a tu alrededor. Pídele que te muestre su cara. Pregúntale cómo se siente con respecto a ti y qué quiere hacer hoy en ti, a través de ti y alrededor de ti. Abre tu corazón y tu mente hacia él. Derriba las paredes que hayas construido entre tú y él.

3. Descansa en la gloriosa presencia de tu Padre celestial. Tómate el tiempo para permitir que su presencia sea cada vez más profunda. Pídele que te haga cada vez más consciente de su bondad y cercanía.

“¡Cuán hermosas son tus moradas, Señor Todopoderoso! Anhelo con el alma los atrios del Señor; casi agonizo por estar en ellos. Con el corazón, con todo el cuerpo, canto alegre al Dios de la vida. Señor Todopoderoso, rey mío y Dios mío, aun el gorrión halla casa cerca de tus altares; también la golondrina hace allí su nido, para poner sus polluelos. Dichoso el que habita en tu templo, pues siempre te está alabando” –  Salmo 84:1-4

Estamos creados para tener una conexión directa con nuestro Padre celestial. Experimentarlo está destinado a ser nuestra fuerza vital. Caminar y hablar con él es la parte más importante de la vida. De este tipo de relación con Dios viene el propósito, la habilidad, la gracia y el amor por los demás. Esta conexión es lo que nos impulsa a vivir una vida aquí satisfecha, empoderada y abierta a la guía del Espíritu Santo. Lucha por tu relación con Dios por encima de todo. No dejes que nada venga antes del tiempo que pases con tu Padre celestial al experimentar su bondad. Que vivas, respires, te muevas y trabajes en la presencia de Dios hoy.

Lectura Complementaria: Salmo 84

Por Craig Denison

 

 

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