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La mujer que quiero ser

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Es fácil pedirle a Dios que cambie cosas en otras personas, pero ¿qué de los cambios que cada una necesita para llegar a ser lo que en el fondo queremos ser?

"Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia, Y habla verdad en su corazón. El que no calumnia con su lengua, Ni hace mal a su prójimo, Ni admite reproche alguno contra su vecino. Aquel a cuyos ojos el vil es menospreciado, Pero honra a los que temen a Jehová. El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia; Quien su dinero no dio a usura, Ni contra el inocente admitió cohecho. El que hace estas cosas, no resbalará jamás", Salmo 15

Este Salmo describe el carácter de la persona que tiene las cualidades para ser un huésped de Dios. Y leyendo cada versículo pensaba que es un Salmo maravilloso para orar.

Primero pensé en orarlo por mis hijos, orar para que tuvieran y desarrollaran en su vida las cualidades de las que habla el Salmo 15. Después pensé en orarlo por mi esposo, al fin y al cabo, lo ayudaría a crecer en su vida espiritual ¿no? Hasta que finalmente me di cuenta de que debía orarlo primero por mí misma.

Porque, seamos sinceras, es mucho más fácil pedir cambios en los demás ¿verdad? Pero qué complicado es, cómo duele y cómo cuesta cambiar una misma, pedirle a Dios ser transformada, reconocer aquello que está mal en una misma y hacer algo al respecto.

El Salmo 15 describe el tipo de mujer que quiero ser. Así que, me tragaré mi orgullo y lo oraré primero por mí misma, para después, cuando estos versículos estén profundamente arraigados en mi corazón, orarlo por mi esposo y por mis hijos.

Padre quiero habitar en tu tabernáculo, quiero morar en tu monte santo, quiero ser digna de ser llamada tu huésped, tu invitada, de entrar en tu santo templo, de estar en lo profundo de la intimidad contigo.

Ayúdame a ser una mujer íntegra, una mujer que hace lo correcto en cada ocasión, aun cuando nadie, excepto Tú, pueda verme. Que pueda ser justa e impartir justicia, que no sea una mujer que juzgue a los demás o se haga prejuicios sobre lo que otros van a decir o a hacer. Ayúdame a ofrecer gracia y misericordia a las personas a mi alrededor, no juicio. Ayúdame a tener un corazón limpio que hable únicamente la verdad, tanto a mí misma como a los demás; que de mis labios puedan salir la verdad en amor, que pueda hablar con sinceridad aun cuando esa verdad sea en perjuicio mío.

Ayúdame a no calumniar con mi lengua, a no hablar mal de otros, a no mal poner a nadie ni caer en la murmuración. Quiero ser una mujer que respete a los demás, con palabras y acciones, que respete a sus autoridades, a sus iguales y a los que puedan estar bajo su mando; una mujer que hable siempre de frente, no a la espalda. Ayúdame a no hacer mal a mi prójimo, a no ser de tropiezo, a amar a los demás y no admitir reproche alguno contra mi vecino. Ayúdame a no participar en chismes, ni dichos por mí ni dichos por otros. Que no permita hablar sobre otros en mi presencia.

Ayúdame a discernir el comportamiento vil, a menospreciarlo y no imitarlo; a honrar a aquellos que te temen, a ser de bendición a aquellos que glorifican tu santo nombre, que aman tus mandamientos, que aman tu presencia. Quiero ser una mujer de palabra, cuyo sí sea sí y cuyo no sea no. Ayúdame a permanecer fiel en aquellas cosas que son justas, verdaderas y honestas.

Ayúdame a ser una buena administradora de mi dinero y de todos los bienes materiales que Tú me das. Ayúdame a no perjudicar a nadie con el fin de tener ganancias personales de cualquier tipo. Por el contrario, quiero ser una mujer de corazón generoso, una mujer siempre atenta a las necesidades de mi prójimo, una mujer que sepa compartir de lo suyo y dar con alegría de corazón.

Señor, ayúdame a ser esa mujer y a no resbalar jamás.

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