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La misma medida

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Mientras que existen personas que usan dos varas de medir, Dios tiene una sola con la que trata a todos por igual.

“Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. (Mateo 7:2)

Tendemos a ser muy duras cuando juzgamos a otros, pero… ¿aplicamos la misma medida a los pecados de nuestra vida y la de los nuestros? Según 2 Samuel 12:5 “el furor de David se encendió” ante la historia del despiadado hombre rico que le relató el profeta Natán.

Ciertamente existen cosas que nos indignan, como las injusticias, el abuso, la desvergüenza y la mentira. Estas nos llevan súbitamente a dictar sentencia: “Lo diremos a la iglesia, la pondremos en disciplina, la quitaremos de los ministerios, le haremos pagar, llamémosle a la policía, denle cárcel, etc.” Incluso en algunos casos llegamos hasta el punto de desear la pena capital, la muerte.

Si bien es cierto que en ninguna manera debemos pasarle la mano al pecado, es decir, hacernos de la vista gorda o aplaudirlo, también es cierto que debemos pensar antes de hablar, pues como dice 1 Corintios 10:12 “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga”. Debemos juzgar y medir a todos, sin excepción, con la misma vara.

Mientras existen personas con dos varas de medir -una para sus familiares y agraciados, y otra muy distinta para el resto de la gente- afortunadamente Dios tiene una sola vara por la cual mide a todos por igual.

Lo vemos claramente en la vida de David. Dios le dijo acerca del rico despiadado: “Tu eres aquel hombre” (v. 7). Y aunque al rey por su corazón arrepentido le fue perdonado su pecado (v.13), éste no obtuvo un trato especial; la disciplina del Señor y las consecuencias por sus pecados fueron contundentes (2 Samuel 12:10-12,14). No obstante, Dios conjugó armoniosamente la disciplina por su pecado con la misericordia divina.

La furia que en un momento David sintió hacia otro se volvió pesar y clemencia para sí. ¡Glorificado sea Dios!, quien nos hace ver que lo que es pecado en la vida de otros, lo es igualmente en la nuestra. Contrario a los hombres, Dios sí juzga con justicia y equidad. A tal razón 2 Crónicas 19:7  nos recuerda: “Sea, pues, con vosotros el temor de Jehová; mirad lo que hacéis, porque con Jehová nuestro Dios no hay injusticia, ni acepción de personas, ni admisión de cohecho”.

Amadas, seamos medidas y recordemos que tarde o temprano todos recibiremos la cuota debida por nuestros pecados. Pero si hubiere arrepentimiento, la disciplina de Dios vendrá acompañada de su inagotable misericordia.

Oración: Amado Padre, gracias porque no eres como yo, tu juzgas con equidad.  Ayúdanos a ser misericordiosas y lentas para la ira. Tú que ves las injusticias de los hombres, cambia a quienes abusan de su poder y usan una vara para su familia y otra para los demás, especialmente en las iglesias. En el nombre de Cristo, amén.

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