La Marta del siglo XXI también puede dar gracias

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Cuando perdemos el enfoque de a Quien servimos y por qué, no nos estamos preparando para la vida eterna, sino para ser vistas.

"Marta, Marta  -le contestó Jesús- estás inquieta y preocupada por muchas cosas, pero solo una es necesaria… " , Lucas 10:41-42.

Me he identificado tantas veces con Marta. Muchos ministerios por servir, hermanas que ayudar y constantemente escuchar: "Stephanie, cuánto has crecido en el Señor en tan poco tiempo", "qué corazón tan dispuesto a servir", "me estimula tu pasión por Cristo". Sin embargo, en lugar de que esas palabras exaltaran a Cristo en mí, en lo más escondido de mis pensamientos terminaba con este sentimiento: vanagloria y afanarme.

Dios ha tenido que quebrantar mi corazón y humillarme para hacerme ver que de nada sirve afanarme y que mi vanagloria me aleja de Él. Mientras me involucraba en las cosas para el Señor, pensaba que todo iba bien conmigo y con Él. Pero no era así, la vanagloria y el afán me estaban consumiendo silenciosamente. Podía sentir el silencio del Señor y también podía percibir que Él no se estaba agradando conmigo. Es una sensación horrible y desesperante.

Pero al reconocerlo y venir en arrepentimiento con un corazón genuino y sincero, pude sentir Su perdón al decirme: Conozco tu condición y sé que eres de barro (Salmo 103:14).

Muchas de nosotras en algún momento hemos sido Marta; mujeres hospitalarias, serviciales y siempre dispuestas. Como hijas de Cristo debemos tener estas cualidades. Pero cuando perdemos el enfoque de a Quien servimos y por qué, no nos estamos preparando para la vida eterna, sino que nos estamos preparando para ser vistas.

Debemos recordar como dice la Palabra que para que Cristo sea exaltado en nuestras vidas, nosotras debemos menguar. ¿Cuándo damos evidencias de que estamos menguando para Él? Cuando permitimos que el amor de Dios nos impulse, nos inspire, nos domine y nos rendimos completamente a Él sometiéndonos a Su Señorío. Eso es menguar.

Hemos sido salvadas por gracia, no por obras para que ninguna de nosotras nos gloriemos. No necesitamos hacer nada para agradar a nuestro Señor o para ser vistas. Hacerlo nos dará un vacío y, peor aún, Cristo no se estará agradando en nosotras. Ya Él pagó en la cruz, ¿qué nos queda por hacer a nosotras? Dar gracias porque como Martas del siglo XXI somos amadas por el Señor Jesucristo.

Y tú, ¿por cuáles áreas que Dios ha quebrantado en tu vida quieres darle gracias?

Por Stephanie Melo

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