La iglesia local

Description

Un creyente solo es como un tizón de fuego aislado que con el tiempo se apaga.

“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras”, Hebreos 10:24

¿Se puede ser creyente sin participar activamente en una iglesia local? ¿Existe tal cosa como un cristiano sin iglesia?

Hay muchas personas que cuando se le pregunta a qué iglesia pertenece y cómo se llama su pastor, responden: “yo no visito ninguna iglesia pues pertenezco a la iglesia universal, y mi pastor es Cristo”. Bueno, eso suena muy espiritual pero no es bíblico. Cada creyente debe pertenecer al cuerpo local de una iglesia, porque la iglesia universal no es más que la sumatoria de todas las iglesias locales diseminadas por el mundo.

Dios ha constituido iglesias locales para que todos los creyentes sean unidos a ellas e instruidos en el conocimiento de las doctrinas cristianas, alimentados por medio de la Palabra y capacitados para ser obreros efectivos en la viña del Señor.

En el libro de los Hechos 11:24 se nos dice que los que creían en el Evangelio eran agregados al Señor, pero también dice que los que eran salvos eran añadidos a la Iglesia (Hechos 2:47). Es decir, que ser agregado al Señor es ser añadido a la iglesia. El texto nos habla de la necesidad de “considerarnos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras”, y eso sólo es posible si compartimos juntos y en armonía como un solo cuerpo, en una comunidad de gracia.

Un creyente solo es como un tizón de fuego aislado que, por más encendido que esté, a medida que pase el tiempo se va enfriando hasta que al fin se apaga.

Todas las figuras que usa la Escritura para describir a la Iglesia nos habla de unidad y comunión profunda. El Nuevo Testamento describe la iglesia como un cuerpo donde los creyentes son parte integral, ayudándose mutuamente (Romanos 12:5); un edificio en el que la piedra angular es Cristo mismo y en el que todos los creyentes, como piedras vivas, crecen juntamente para ser el templo santo de Dios (Efesios 2:20); y una familia de la cual somos miembros los unos a los otros, por tanto, tenemos deberes y tareas que cumplir como miembros responsables.

A tal razón se nos manda a:

- Amarnos los unos a los otros (Juan 13:34)

- Compartir los unos a los otros (Romanos 12:5)

- Honrarnos los unos a los otros (Romanos 12:10)

- Alentarnos los unos a los otros (1 Tesalonicenses 4:18)

- Regocijarnos los unos con los otros (Romanos 12:15)

- Servirnos los unos a los otros (Gálatas 5:13)

- Ayudarnos los unos a los otros (Gálatas 6:2)

- Perdonarnos los unos a los otros (Efesios 4:32)

- Orar los unos por los otros (Santiago 5:16)

- Soportarnos los unos a los otros (Efesios 4:2)

- Confesar nuestras ofensas los unos a los otros (Santiago 5:16)

¿Ves? Quizás algunas que hoy deberían estar con nosotras no están porque descuidamos nuestros deberes mutuos.

Oración: Amado Señor, perdónanos por descuidar nuestro deber de pertenecer a una iglesia local y, como miembros del cuerpo, realizar nuestra función en ella. Ruego que podamos animar a las hermanas rezagadas a unirse a una iglesia local. En el nombre de Jesús, amén.

Por Carmen García de Corniel

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