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La hora de Dios

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¿Si Dios nos ama con amor eterno, por qué tenemos que pasar por dificultades y problemas?

“¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?”, Ester 4:14

Llegamos hoy al libro de Ester, al que no se le presta excesiva atención y del que predica poco. Sin embargo, es el libro de la Soberanía de Dios en el control de todas las situaciones. El texto seleccionado es uno más entre los muchos que plantean una cuestión: ¿Por qué el creyente tiene que pasar por dificultades y problemas? ¿No es acaso un hijo de Dios? ¿No dice la Biblia que Dios ama a los suyos con amor eterno?

Estas preguntas, y otras más, se agudizan cuando al observar a nuestro entorno descubrimos que muchos de los perversos de este mundo disfrutan de vidas cómodas, no están afectados por enfermedades y, según la percepción humana, en todo les va bien. Algunos piensan que el sufrimiento en la vida del creyente es algo en lo que Dios se complace, como si dijésemos: Dios nos salvó para que pasemos por sufrimientos, persecuciones, lágrimas y problemas. Esto no es cierto. Dios no está interesado en el sufrimiento de los suyos.

Pero, no cabe duda de que Él permite estas circunstancias por dos razones: La primera para afirmar nuestra fe y conducirnos por el camino de la dependencia de Él; la segunda, porque en eso está Su propósito soberano, para alcanzar un buen fin. Cuando pasan los años y vemos atrás, nos damos cuenta de que nuestras lágrimas han regado el campo de las bendiciones y en él florecen las más bellas flores que adornan el terreno en donde Dios nos ha puesto para servirle.

Este es el caso de Ester. Dios la había llevado a ser la reina en el imperio más grande del mundo en aquel tiempo. Pareciera que todo debía sonreírle y que los problemas y tristezas serían para otros pero no para ella. Sin embargo, tendría que arriesgar su propia vida para servir los intereses de su pueblo, que son los intereses de Dios. No había llegado a ser lo que era para disfrutar de la vida, sino para servir a Dios en el lugar en donde la había puesto. Sin duda fue un tiempo de angustia vital para ella.

Entrar a la presencia del rey sin ser llamada podía suponer incluso la muerte. Pero en su alma estaba la pregunta: ¿Sabes por qué Dios te ha puesto en esa posición? Cuando dejamos de inquietarnos y asumimos las dificultades y las pruebas, las tristezas y las lágrimas, la soledad y la enfermedad, como parte del propósito de Dios para nuestras vidas, entonces vendremos a la experiencia de Ester: “Ella obtuvo gracia” (5:2). Así sabremos que Dios tiene un plan y un propósito para nuestras vidas, que tal vez no lo entenderemos pero siempre será lo mejor.

Sí, necesito tener claro que “todas las cosas son orientadas por Dios para mi bien”, y que cuando no conozca las razones por las que paso por dificultades y tristezas, debo entender que Dios está en el control. Sé que Aquél que dio a su Hijo por mí me dará con Él todas las cosas. Debo saber que su amor me rodea siempre y que sus fuerzas darán fortaleza a mis debilidades. Sé que en los momentos en que mi camino pase por valle de sombra de muerte, las huellas dejadas por el Señor, que pasó antes, servirán de aliento y esperanza. Son marcas del que vino para hacer la obra de Dios.

Oración: Oh, Señor, que en cada momento tenga la certeza de que para esto he venido, para que se cumpla tu propósito en mí. En el nombre de Jesús, amén.

 

Por Samuel Pérez Millos

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