La gratitud: Un ejercicio diario

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Aprende en este mensaje por qué es importante que seamos agradecidas y tres pasos para lograrlo.

"Bendice, alma mía a Jehová y bendiga todo mi ser Su santo nombre. Bendice alma mía a Jehová y no olvides ninguno de sus beneficios", Salmos 103:1-2.

Las mujeres tenemos la capacidad de crear una atmósfera de emociones positivas o negativas en nuestros hogares. El día que me levanto de buen humor, mi esposo e hijos están felices. Todo marcha de maravilla. Pero si por alguna razón inicio el día con la vista baja, todos en casa pagan las consecuencias.

Analizando situaciones en las que había reaccionado de manera contestataria o intolerante hacia circunstancias que se me presentaban durante el día, el Señor me mostró por medio de Su Palabra que el almacén de gratitud hacia Él en mi mente y corazón estaba casi vacío.

Desde entonces propuse en mi corazón cerrar las voces de la queja todos los días, lo cual es una batalla diaria. En cada época de nuestra vida podemos tomar la decisión de desarrollar la gratitud o la ingratitud en nuestros corazones.

¿Cómo ejercitar la gratitud?

1- Manteniendo la vista en las cosas de arriba: Cuando mantenemos nuestra vista baja solo nos enfocamos en nuestra situación actual, lo cual nos puede llenar de duda, angustia y resentimiento. En ocasiones nos comparamos con otras mujeres y nos sumergimos en solo mirar el vaso con poca agua.

Es tiempo de levantar nuestros ojos al cielo y darle gracias a Dios por Su plan redentor por medio de Jesucristo, alabar Su nombre porque nuestra vida está escondida en Él. Nos rescató de la muerte y nos ha dado vida. La plenitud de una mujer cristiana no se sostiene en una casa o en la estabilidad que nos ofrece un trabajo o un matrimonio, tampoco en hijos perfectos o en nuestra salud física. Nuestra vida se sustenta y tiene propósito porque estamos escondidas en Cristo y en Él lo tenemos todo.

2- Aprendiendo a contentarnos cualquiera que sea nuestra situación (Filipenses 4:12-13): El apóstol Pablo nos reta a cada una de nosotras a utilizar el recurso del contentamiento. El contentamiento es una de las mejores armas contra las voces de murmuración y queja que el enemigo planta en nuestra mente cuando estamos pasando por una situación difícil.

Debemos aprender que el contentamiento no es una cualidad que surge de la noche a la mañana. Es un proceso, pero para aprender necesitamos la práctica al atravesar valles de sombra y de muerte, como también períodos de abundancia y gozo; en mi familia tenemos un dicho: "Debemos darle la gloria a Dios siempre: con zapatos y sin zapatos".

3- Levantando la bandera de la gratitud todos los días en el entorno donde el Señor nos haya posicionado: En mi caso soy esposa y madre, a esas dos ocupaciones se le añaden muchos retos. Me he apropiado del Salmo 103: 1-5 como la bandera de gratitud que alzo todos los días en mi hogar. Memoricé estos versículos y todos los días al abrir los ojos, antes de salir de la cama, es lo primero que expreso, preparando mi corazón y mi entorno con la poderosa Palabra de Dios. La queja es la expresión anquilosada de alguien que no ha visto la fidelidad de Cristo. Aviva tu mente y corazón con las Escrituras, para que los dichos de tu boca sean como fuente de sabiduría, agradables delante de Dios.

¿Por qué debo ser agradecida, si es más fácil quejarme cuando algo sale mal?

  • El mostrar agradecimiento abre una vía de comunicación efectiva con Dios y con mi prójimo, pero la queja acorta el tiempo que podría estar utilizando para mostrar el poder del Evangelio a los que me rodean.
  • Hay una nube de testigos que observan mi comportamiento. Esta nube puede estar ocupada por tus compañeros de trabajo, familiares que no conocen de Cristo, por tu esposo, por tus hijos, en fin… debemos mostrar que en nuestro corazón hay determinación para expresar libremente las obras que Dios hace día a día. Lo podemos hacer en detalles simples y a la vez tan maravillosos como la salida del sol.
  • El manifestar agradecimiento muestra que no hay orgullo en mí, que reconozco la bondad del Señor a pesar de mi pecaminosidad, que no he olvidado la misericordia de Dios para conmigo y los míos.

Cuando seas tentada a quejarte o a estar de mal humor, mira hacia arriba y alaba a Dios por las obras poderosas que hizo, que está haciendo y que hará.

Por Alejandra Cardoza de Slemin

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