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La gran tribulación de nuestras vidas

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Cuando llegue el día final estaremos limpios, felices y celebrando a Jesús con todas nuestras fuerzas.

Después de esto vi aparecer una gran multitud compuesta de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas. Era imposible saber su número. Estaban de pie ante el trono, en presencia del Cordero, y vestían ropas blancas; en sus manos llevaban ramas de palma, y a grandes voces gritaban: «La salvación proviene de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero.» Entonces uno de los ancianos me dijo: «Y estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son? ¿De dónde vienen?» Yo le respondí: «Señor, tú lo sabes.» Entonces él me dijo: «Éstos han salido de la gran tribulación. Son los que han lavado y emblanquecido sus ropas en la sangre del Cordero. Por eso están delante del trono de Dios, y le rinden culto en su templo de día y de noche; y el que está sentado en el trono los protege con su presencia. No volverán a tener hambre ni sed, ni les hará daño el sol ni el calor los molestará, porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará y los llevará a fuentes de agua de vida, y Dios mismo secará de sus ojos toda lágrima.» – Apocalipsis 7:9-10, 13-17

Cuando era adolescente, había una serie de libros de terror acerca del fin del mundo. Por la forma en que hablaban sobre el sufrimiento que les esperaba a los cristianos, algunos causaban pesadillas. Lo peor de todo era la descripción de algo que llamaban la "Gran Tribulación", que parecía ser una especie de persecución sangrienta de alto calibre.

Me aterrorizaba pensar qué me iba a pasar si todavía vivía cuando esto sucediera. Me preguntaba si sería lo suficientemente fuerte como para sufrir sin quebrarme y negar a Jesús. No lo sabía, y eso me preocupaba.

Pero ahora, cuando leo este pasaje, veo algo diferente. La primera parte del pasaje está describiendo a toda la iglesia de Dios, a todos los creyentes a través de todos los tiempos, no solo unos pocos seleccionados al final de la historia del mundo. Dios los describe como una multitud innumerable de todo el mundo. Cada uno de ellos está vestido de blanco, agitando ramas de palma y celebrando a Jesús con todas sus fuerzas.

¿Quiénes son esas personas? ¡Parece claro que somos nosotros! Somos todos los que hemos creído o algún día creerán en Jesús, todos los que "han lavado y emblanquecido sus ropas en la sangre del Cordero"… lo cual es una forma elegante de decir que son todos los que han pecado o hecho algo malo y que han sido perdonados por Dios porque Jesús murió por ellos en la cruz. ¿Serás tú? ¿Seré yo? Creo que sí.

Y eso significa que también somos los que "han salido de la gran tribulación". No es que cada uno de nosotros esté vivo cuando ocurra la batalla final del Armagedón; más bien, es que cada uno de nosotros, grandes o pequeños, jóvenes o viejos, sabemos lo que significa sufrir: vivir en un mundo que es activamente hostil contra el pueblo de Dios. Todos sabemos lo que significa ser tentados a hacer el mal. Todos sabemos lo que significa sufrir daños o injusticias. Todos hemos tenido días tan negros que casi olvidamos el recuerdo del amanecer.

Esa es nuestra tribulación y, sin embargo, ¡la Biblia dice que estamos saliendo de ella! No por nuestro propio poder o fuerza, sino por el poder del Espíritu Santo. Cuando llegue el día final estaremos limpios, felices y celebrando a Jesús con todas nuestras fuerzas. Porque Él es la razón por la que podemos conquistar la gran tribulación de nuestras vidas y todas las pequeñas tribulaciones que nos llegan a diario. Él es la única razón. Él es nuestro Salvador que nos mantiene a salvo en sus manos por siempre.

ORACIÓN: Señor, ayúdame confiar en ti en medio de todos los grandes y pequeños sufrimientos de este mundo. Amén.

Para reflexionar:

1. ¿A qué clase de sufrimiento le tienes más miedo?

2. ¿Cómo encuentras consuelo en Jesús en medio del sufrimiento?

Por: Dra. Kari Vo

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