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La experiencia de su presencia

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Cuando diriges tu atención hacia Dios, como con un amigo sentado en una mesa frente a ti, puedes encontrarte con él.

Pasaje Bíblico: “Una sola cosa le pido al Señor, y es lo único que persigo: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor y recrearme en su templo”. Salmo 27:4

Experimentar la presencia de Dios suena como todo un misterio. Suena a esta cosa maravillosa pero evasiva que algunas personas obtienen a veces, pero no es lo suficientemente concreta como para esperar o depositar tu esperanza en ella. Asociamos la presencia de Dios con las emociones y la música como si fuera una brisa tan ligera y momentánea que casi no podrías estar seguro de que realmente haya sucedido.

Pero en realidad, la presencia de Dios es tan simple como estar en presencia de un amigo o cónyuge. Es tan simple y concreto como estar cerca de una persona, excepto por una simple verdad: Dios nunca se va. Y así como puedes estar en la misma habitación que un amigo y no saberlo, puedes vivir la vida cristiana sin experimentar la cercanía de Dios. Así como puedes estar sentado frente a un amigo y estar tan ocupado con la tecnología o con tus propios pensamientos como para recordar que está ahí, también puedes ir por la vida concentrado en las circunstancias actuales y perderte el hecho de que Dios está más cerca que tu mismo aliento.

Pero hallamos esperanza para encontrar la presencia de Dios en el Salmo 27:4. La Biblia dice: “Una sola cosa le pido al Señor, y es lo único que persigo: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor y recrearme en su templo”. Esta búsqueda, esta acción de buscar al Dios vivo, nunca regresa vacía. Buscar a Dios es encontrar a Dios. Dejando las emociones a un lado y desechando las complejidades, Dios ya está contigo. Él ya está más cerca de lo que nunca podría estar. Su Espíritu, su presencia en la tierra, nunca te deja y nunca te abandona. Y cuando diriges tu atención hacia él, como con un amigo sentado en una mesa frente a ti, puedes encontrarte con él.

El Salmo 139:7 dice: “¿A dónde podría alejarme de tu Espíritu? ¿A dónde podría huir de tu presencia?”. Su presencia siempre está disponible. No es un amigo que se aleja de ti u oculta su corazón. No es una pequeña ráfaga de viento que va y viene como le plazca. Es un Dios que sufrió y murió para poder rasgar el velo y hacer que su presencia esté completa y continuamente disponible para todos aquellos que lo buscan. Es un Dios que está trabajando incansablemente para restaurar su corona de la creación para que podamos caminar con él como en el Jardín del Edén, pero esta vez por toda la eternidad sin posibilidad de una caída o barrera entre nosotros.

Tu capacidad de encontrarte con Dios es tan simple como dirigir tu atención hacia él y permitirte a ti mismo que te conozca. Que hoy te encuentres con tu Padre celestial en formas profundamente simples al entrar en un tiempo de oración guiada.

Guía de Oración:

1. Meditar en la disponibilidad de la presencia de Dios.

“¿A dónde podría alejarme de tu Espíritu? ¿A dónde podría huir de tu presencia?”. Salmo 139:7

“Me buscarán y me encontrarán cuando me busquen de todo corazón”. Jeremías 29:13

2. ¿Cuál es tu mayor temor con respecto a la presencia de Dios? ¿Qué es lo que podría evitar que lo busques como a un amigo cercano?

“En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor”. 1 Juan 4:18

3. Renuncia a cualquier duda que tengas sobre él y búscalo teniendo fe en que ya está contigo. Dirige tu corazón hacia él y háblale de manera honesta y abierta. Permítele que te revele su cercanía de la manera que él desee.

“Una sola cosa le pido al Señor, y es lo único que persigo: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor y recrearme en su templo”. Salmo 27:4

El mejor lugar para comenzar con Dios es siempre la honestidad. Él no va a encontrase contigo en un lugar que no sea real. Entonces, si estás tratando de buscarlo, pero ocultando algo, estás tratando de coser de nuevo el velo que él tan amorosamente rasgó en dos. No hay necesidad de ocultarle tu corazón a él. No hay razón para actuar como si todo estuviera bien si no lo está. Ya sea que estés en la iglesia, con amigos o que te encuentres en un lugar secreto, él solo te pide honestidad. Dile cómo te sientes. Abre los lugares de tu corazón que te avergüenzan o asustan demasiado como para dejar entrar la luz. Permítele inundar tus miedos con su amor implacable y experimenta la presencia que solo la gracia tiene para ofrecer.

Lectura Complementaria: Salmo 27

Por Craig Denison

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