La dulzura del amor de Dios

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Dios anhelaba tanto tener comunión contigo que pagó el precio máximo. Él te considera digno de la muerte de su Hijo.

Pasaje Bíblico: “Traten a todos con amor, de la misma manera que Cristo nos amó y se entregó por nosotros, como ofrenda y sacrificio de olor agradable a Dios” – Efesios 5:2 (DHH)

Piensa en la muerte de Jesús por un momento. Imagínate lo horrible que hubiera sido presenciar la escena en persona. Ahora intenta imaginar presenciarlo desde la perspectiva del Padre. Piensa en cómo vio, escuchó, sintió, supo y lloró por todo lo que le sucedió a Jesús. Piensa en cómo se sintió al colocar el pecado del mundo, el pecado tuyo y mío, sobre los hombros de su Hijo perfecto.

Te pido que te imagines todo eso por una razón: para obtener una perspectiva del amor insondable de Dios expresado en Efesios 5:2. La Escritura dice: Traten a todos con amor, de la misma manera que Cristo nos amó y se entregó por nosotros, como ofrenda y sacrificio de olor agradable a Dios”. Cuando leí ese versículo al principio me salté una frase crucial: "olor agradable". Con todo lo que el Padre presenció ese día, con todo el sufrimiento que Jesús soportó fielmente, Dios todavía considera la muerte de Jesús como un “olor agradable". ¿Cómo es posible? ¿Cómo podría alguien considerar la muerte de Jesús un olor agradable, y mucho menos al Padre?

Tal es la profundidad increíble del amor de Dios por nosotros que él podría contar las atrocidades cometidas contra su Hijo como una dulce fragancia. Tal es la enormidad del deseo de Dios por una relación restaurada con nosotros que él considera la muerte de su Hijo como un recuerdo favorable.

No creo que nosotros, como hijos de Dios, entendamos la alegría que siente nuestro Padre cuando pasamos tiempo con él. No creo que comprendamos la profundidad de su amor que pagó el precio más alto simplemente por tener una relación sin trabas con nosotros otra vez. Mientras meditaba en este pasaje, me di cuenta de que nunca había pensado acerca de cuán incansablemente Dios ha estado trabajando desde que Adán y Eva pecaron, simplemente para poder disfrutar nuevamente de su pueblo, para caminar con ellos como lo había hecho alguna vez.

La muerte de Jesús fue un punto de inflexión en el ámbito de la eternidad. Su sacrificio significó que toda la humanidad que estaba apartada de Dios pasaba a ser la corona de su creación que regresaba a su redil. Cuando Dios colocó el pecado de la humanidad sobre los hombros de Cristo, pudo tomar la posición del padre en la historia del hijo pródigo, corriendo para encontrarse con nosotros tal como somos: sus hijos que finalmente pudieron regresar a su hogar para siempre.

Dios anhelaba tanto tener comunión contigo que pagó el precio máximo. Él te considera digno de la muerte de su Hijo. Deja que esta verdad dé forma a tu identidad. Deja que el amor de Dios sea la base de tu perspectiva, pensamientos, emociones y acciones de hoy. Que tu corazón se conmueva para vivir a la luz del amor incondicional de Dios. Que estés enraizado en la naturaleza inquebrantable de tu Padre celestial. Y que puedas vivir hoy en el abrazo eterno de Dios, sabiendo que eres para siempre y por completo su amado.

Guía de Oración:

1. Medita en el sacrificio de Jesús. Permite que las Escrituras formen un cimiento de amor incondicional para tu corazón.

“Porque Cristo murió por los pecados una vez por todas, el justo por los injustos, a fin de llevarlos a ustedes a Dios” – 1 Pedro 3:18

“Entró una sola vez y para siempre en el Lugar Santísimo. No lo hizo con sangre de machos cabríos y becerros, sino con su propia sangre, logrando así un rescate eterno” – Hebreos 9:12

2. Medita en quién eres como hijo de Dios. Forma tu identidad alrededor de la verdad de la Biblia.

“Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios” – Juan 1:12

"Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. Ustedes antes ni siquiera eran pueblo, pero ahora son pueblo de Dios; antes no habían recibido misericordia, pero ahora ya la han recibido” – 1 Pedro 2:9-10

3. Pídele a Dios que te revele la profundidad de su amor por ti. Descansa en la realidad de su cercanía. Deja que llene tu corazón con su amor hasta que desborde.

“Para que por fe Cristo habite en sus corazones. Y pido que, arraigados y cimentados en amor, puedan comprender, junto con todos los santos, cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo; en fin, que conozcan ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento, para que sean llenos de la plenitud de Dios” – Efesios 3:17-19

“Y nosotros hemos llegado a saber y creer que Dios nos ama. Dios es amor. El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él” – 1 Juan 4:16

No permitas que la opinión de los demás te aleje de tu firme cimiento formado por el amor de Dios. ¿Qué es la opinión del hombre comparada con la perspectiva de Dios? Si Dios considera que la relación contigo vale la muerte de Jesús es porque eres muy valioso. Cambia los pensamientos caprichosos de los demás por el amor veraz y vivificante de tu Padre celestial. Descansa en su presencia y encuentra esperanza y seguridad en la verdad de que sus brazos siempre están abiertos para ti, listo para abrazarte tal como eres.

Lectura Complementaria: 1 Pedro 2

Por Craig Denison 

 

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