La cruz a cuestas

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La obra de Jesús en la cruz no nos libra de una responsabilidad que tenemos que cumplir a diario.

“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”, Lucas 9:23)

Uno de los grandes problemas del seudoevangelio de la prosperidad, es el hecho de que pretende vendernos la idea de que es posible “recibir a Cristo sin la cruz”. Para los “evangelistas de la prosperidad”, la muerte de Cristo tomando nuestro lugar fue para que ahora nosotros no tengamos que padecer nada en absoluto y, más bien, podamos disfrutar de todas las bendiciones materiales que Él compró abundantemente para cada uno por medio de su sangre. Eso suena muy lindo y hasta espiritual, pero no es bíblico.

El problema con este evangelio es que no toma en cuenta las demandas establecidas por Cristo para ser un verdadero discípulo de Él: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”. Cristo tomó mi lugar en la cruz del Calvario para hacer lo que yo no podía hacer para salvarme, pero Él también murió en la cruz para mostrarme lo que yo sí podía hacer para ser su discípulo, y esto es tomar su cruz cada día y seguirlo.

Si queremos ser seguidores de Él, tenemos que renunciar a nosotras mismas y someternos a su Palabra y su voluntad: “Niéguese a sí misma". No podemos seguir a Cristo y escuchar la voz del extraño, o escuchar la voz de un falso profeta y pretender ser discípulas de Cristo.

Existen condiciones claramente establecidas por Cristo: “Tome su cruz cada día, y sígame”. La idea encerrada aquí es la de sufrimiento; Cristo murió en la cruz para librarnos de la pena del infierno, pero no de la carga de la cruz. Él murió para que fuésemos glorificadas, pero no para evitar que cada día crucifiquemos la carne.

La cruz de Cristo no es solamente una sustitución pasada, también es un acto presente de ejecución diaria. No podemos permitir que la cruz pierda su eficacia en nosotras, negando su poder de crucifixión y destrucción del viejo hombre. La idea es tomar todos los días y cada día nuestra cruz; no semanal o mensualmente, sino cada día, para mantener nuestros deseos pecaminosos a raya, llevándolos a la cruz para darles muerte.

Disfrutemos del verdadero Evangelio y seamos prosperadas espiritualmente en Cristo, gozándonos en la verdadera felicidad que sólo se encuentra en llevar Su cruz. A quienes estén dispuestas, él ofrece perdón, justificación, adopción, santificación y vida eterna. ¿Queremos mayor bienaventuranza que esa?

Oración: Gracias porque tu salvación, vista correctamente, nos ofrece una fuente eterna de gozo que nos hace ver aun el dolor como una bendición. Ayúdanos a quitar nuestra vista de lo material y anhelar las cosas espirituales. En el nombre de Cristo, amén.  

 

Por Carmen García de Corniel

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