La bendición de la aflicción

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Las aflicciones que nos llegan no son fortuitas, sino que son parte del plan redentor de Dios para su pueblo.

“Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres y has vencido”, Génesis 32:28

Un domingo, mientras los hermanos de la congregación iban llegando para el servicio, me detuve a observar a uno de ellos que caminaba con dificultad debido a una cirugía de columna que le habían realizado. Veía su esfuerzo para moverse al desplazarse lentamente hasta llegar a su asiento.

Pero le observé un poco más y también pude advertir el gozo reflejado en su rostro al acercarse a la presencia de Dios. Inundada por el mismo gozo cerré mis ojos y junto al pueblo de Dios congregado allí adoramos a  nuestro Dios.

En medio de la prueba veremos nuestras vidas reverdecer como árboles secos después de la lluvia y seremos transformadas y usadas para la gloria de Dios… si guardamos la fe. Me maravilla ver a tantos hermanos y hermanas que Dios ha afligido con diversas pruebas y, al final de las mismas, sus vidas han dado dulces frutos para Cristo. Los veo trabajando en la obra de Dios, involucrados en el servicio a los santos y viviendo con gozo y agradecimiento.

Las aflicciones que nos llegan no son fortuitas, sino que son parte del plan redentor de Dios para su pueblo. Jacob tuvo que pelear con el Ángel de Jehová, pero se aferró a su fe y, luego de una gran batalla y de ser descoyuntado su muslo, obtuvo la bendición. Su nombre fue cambiado y con éste cambio vino la redención para él y su descendencia, que luego poseyó la tierra prometida a Abraham.  

La Palabra de Dios en Hechos 14:22b nos dice que es “necesario” que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios. Cuánta verdad hay en esta afirmación, puesto que es en medio de las tribulaciones que aprendemos a clamar, a esperar, a confiar y a depender de Dios. En medio de las tribulaciones somos transformadas y santificadas y éste es un requisito indispensable para ver a Dios, porque sin santidad nadie le verá. La obra hermosa que Dios quiere realizar en nosotras jamás podría realizarse si no fuera por las pruebas.

Amadas, cuando la aflicción nos visite no pensemos que Dios nos ha dejado solas, ni que nos está castigando. Recibamos la prueba como una muestra de la misericordia y el amor de nuestro Dios quien no nos desecha, sino que nos disciplina como el buen padre que ama a los hijos. Recordemos los sufrimientos inmerecidos que Cristo pagó por nuestros pecados y vivamos agradecidas en medio de la adversidad.

Oración: Padre, ayúdanos a verte en cada circunstancia, ayúdanos a estar agradecidas por tu trato y por tu cuidado. Que podamos amarte más en medio de las pruebas, que podamos esperar en ti y en tu fidelidad y permite que nuestras vidas sean transformadas para tu gloria. En Cristo te lo pedimos. Amén.

Por Belinda Castellanos

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