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Él me llama…

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El divorcio es una de las aflicciones de este mundo, pero Dios no deja a aquellos que confían en él.

“Porque como a mujer abandonada y afligida de espíritu, te ha llamado el SEÑOR, y como a esposa de la juventud que es repudiada - dice tu Dios”, Isaías 54:6

Creo que nadie, en su sano juicio, se casa con la intención de divorciarse. Nuestros corazones palpitan con las palabras “hasta que la muerte nos separe” conforme al voto de fidelidad que hacemos en el altar ese día.

En este mundo en donde reina el pecado, esa no es la realidad para un alto índice de matrimonios. La tasa de divorcios aumenta cada día; incluso hasta en los hogares cristianos.

Dios ,en su soberanía, permitió que esa fuera una de las “aflicciones de este mundo” (Juan 16:33) que tocara mi vida. Una realidad dura y devastadora. Me encontraba frente a un gran abismo negro al cual debía saltar con mi hijo para seguir hacia adelante.

Ante la inminente ruptura matrimonial, había empezado a visitar unos grupos de estudios bíblicos. Allí Dios empezó a darme voces de que pronto me convertiría en “una esposa de la juventud que fue repudiada”... ¡Él me llamó!

Muchos años han pasado y puedo testificar que su llamado fue con el propósito de conocerle y confiar en su fidelidad. Mi Dios ha provisto siempre para mí y para mi hijo.

Oración: Señor, ayúdanos a confiar que aunque en esta vida terrenal nos dejen y repudien, sentiremos tu fidelidad y tu presencia en nuestra vida al venir a tus pies. Por Cristo Jesús, amén.

 

Por Isabel Andrickson

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