Él cargó con nuestras enfermedades

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Las sanaciones realizadas por Jesús fueron una manifestación visible de los cambios que trajo a un mundo perdido y pecador.

Al caer la noche, le llevaron muchos endemoniados, y él, con su sola palabra, expulsó a los demonios y sanó a todos los enfermos. Esto, para que se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías: «Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias. – Mateo 8:16-17

“¿En qué estaban pensando?” Esa fue mi reacción cuando leí un artículo publicado en la ciudad de Tampa, Florida.

Steve Valdez fue al banco a cobrar un cheque de la cuenta corriente de su esposa. Sabiendo que iba a tener que probar su identidad, Steve había llevado dos documentos de identidad con fotos. Luego de mirar los documentos, el cajero le dijo que también tendría que comprobar su huella digital.

Esto último resultó ser un problema, ya que Steve no tiene manos, y las prótesis que le sirven de manos no tienen huellas digitales.

El gerente del banco dijo que si no podía dar su huella digital, tendría que abrir su propia cuenta, o llevar a su esposa. Steve contestó que no podía dar su huella digital, que no quería abrir una cuenta separada, y que no podía llevar a su esposa. ¿El resultado final? No logró cobrar el cheque.

Finalmente, el banco hizo una declaración pública diciendo que 'Si bien es cierto que las huellas digitales son un requerimiento para quienes no tienen cuenta, el banco debería haber hecho una excepción'.

Cuando nuestro Salvador anduvo por este mundo, no se limitó a 'hacer excepciones' para los que se acercaban a él con problemas físicos o espirituales. Como dice el texto de Mateo, Jesús "expulsó a los espíritus, y sanó a todos los enfermos".

Esas sanaciones fueron una manifestación visible de los cambios que Jesús estaba trayendo a un mundo perdido y pecador. La sanación de un cuerpo, el perdón de un alma, la paz para una conciencia, la victoria sobre la muerte y el diablo, todas esas fueron pruebas de Dios de que él estaba, a través de la vida, muerte y resurrección de su Hijo, reclamando lo que se le había robado en la caída en pecado.

Todavía hoy Jesús no hace excepciones para nuestros errores, nuestros defectos o nuestras transgresiones, sino que los conquista y los elimina; y al hacerlo nos perdona, nos redime y nos restaura.

ORACIÓN: Querido Señor, es imposible comprender por qué amas a tus hijos desobedientes, pero te damos gracias por la gracia que recibimos a través de la victoria de tu Hijo sobre el pecado, la muerte y el diablo. Ayúdanos para que nuestras vidas reflejen a los demás la esperanza que hemos recibido de ti. En el nombre de Jesús. Amén.

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