Justificadas

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Al contrario de la santificación, la justificación no es un proceso, es un solo acto que empezó y culminó en la cruz.

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo”, Romanos 5:1

Uno de los pensamientos bíblicos que más debería confortar el corazón de toda cristiana es el hecho de saber que ya ha sido justificada. Noten que yo no he dicho que estamos en un proceso de justificación, ni que algún día seremos justificadas, sino que ya, clara y tajantemente, hemos sido justificadas. Esa es la clara enseñanza: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo”.

Ahora bien, ¿qué significa que cada creyente ha sido justificada por la fe en Cristo? El verbo justificar en las Escrituras significa que Dios ha declarado como justas e inocentes a personas que ante Su vista eran culpables y pecadoras. Eso implica, en términos espirituales, que ya no tenemos cuentas pendientes con la justicia divina, que todos nuestros pecados han sido perdonados para siempre y que Dios ahora, en Cristo Jesús, nos ve como si nunca hubiésemos violado su ley, o como si nunca hubiésemos pecado.

Dios nos ve y nos recibe por medio de la justicia de Cristo de forma tal que somos aceptas ante Su presencia, no por nuestra justicia propia, ni por méritos personales, ni, como enseñan algunos, porque Dios en la eternidad pasada vio que nosotras íbamos a creer cuando se nos predicara el Evangelio, ¡nooooo! Dios nos recibe en base a la vida perfecta de Cristo, quien nunca violó la ley de Dios en lo más mínimo, y por eso fue señalado por Dios como el Cordero inocente que iba a ocupar nuestro lugar en la cruz del Calvario para pagar por el precio de nuestros pecados, porque Él no tuvo cuentas pendientes con la justicia divina, como nosotras que somos pecadores por naturaleza.

Y yo me pregunto, ¿acaso no es eso maravilloso? ¡Claro que sí! Cristo, que no conoció pecado, por nosotras se hizo pecado, para que nosotras fuésemos hechas justicia de Dios en Él (2 Corintios 5:21). Aquel que era santo, perfecto, sin mancha, inocente y justo, se hizo pecador y sufrió la ira de Dios por causa de nuestras desobediencias para que ahora nosotras, por medio de la fe, por tan sólo creer, seamos salvas de su ira y que todos nuestros pecados sean sepultados en lo profundo de la mar.

Barrabás era el peor de los pecadores y Cristo era el justo; no obstante, Cristo fue condenado y Barrabás fue absuelto; el justo por los injustos para llevarnos a Dios (1 Pedro 3:18).

Y es por esa justificación recibida que ahora tenemos paz para con Dios; ya no somos sus enemigas; ya su ira no pesa sobre nosotras, porque ahora, en virtud de la fe, estamos unidas a Cristo y Dios nos recibe como hijas Suyos por medio de Su Hijo. No es la fe la que nos salva, quien nos salva es Cristo por medio de la fe. La fe es tan sólo el medio instrumental, no meritorio, por el cual nos aferramos a Cristo para recibir la salvación que Él nos vino a ofrecer.

Aun la fe para creer es un regalo de Dios, es parte del paquete de la salvación que Cristo vino a comprar para nosotras por medio de Su sacrificio. Dice Efesios 2:8-9, “porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto NO DE VOSOTROS, PUES ES DON DE DIOS; no por obras, para que nadie se gloríe”. Así que, es Él quien lo ha hecho TODO.

Oración: ¡Gracias Señor! Solo a ti pertenece toda la gloria por tu obra en la Cruz. Enaltecido por siempre sea tu nombre, amén.

Por Carmen García de Corniel

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