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Jesús nos ofrece ¡Adopción!

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¿Es tu relación con Dios como la de un esclavo con su amo o como la de una hija con su padre?

“En amor nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia que gratuitamente ha impartido sobre nosotros en el Amado”, Efesios 1:3-6

“Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios”, Juan 1:12.

“Ahora ya no eres un esclavo sino un hijo de Dios, y como eres su hijo, Dios te ha hecho su heredero”, Gálatas 4:7.

Reflexiona:

¿Leíste los versículos? ¡Léelos otra vez!

¡Qué palabras tan poderosas! Antes éramos esclavos del pecado, vivíamos en oscuridad, lejos de Dios y sin esperanza, pero en Cristo no sólo somos libres sino también adoptados en Su familia.

¿Cómo es posible que un Dios santo y suficiente en sí mismo, adopte pecadores para hacerlos sus hijos y darle todos los beneficios y privilegios de su paternidad? ¡Eso logró Jesús en la cruz!

El pecado nos dejó huérfanos, solos, desprovistos y desprotegidos, pero Dios muestra su gran amor para con nosotros que nos escogió desde antes de la fundación del mundo para que fuéramos suyos a través de Su Hijo.

Conoce algunos de los beneficios de ser parte de la familia de Dios:

-El privilegio de relacionarnos con Dios como un padre amoroso.

“Miren con cuánto amor nos ama nuestro Padre que nos llama sus hijos, ¡y eso es lo que somos!”, 1 Juan 3:1.

-Somos herederos de Dios y coherederos con Cristo

Así que como somos sus hijos, también somos sus herederos. De hecho, somos herederos junto con Cristo de la gloria de Dios; pero si vamos a participar de su gloria, también debemos participar de su sufrimiento”, Romanos 8:17.

-Tenemos la guía del Espíritu Santo

“Pues todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios”, Romanos 8:14.

-El privilegio de ser disciplinados

“¿Acaso olvidaron las palabras de aliento con que Dios les habló a ustedes como a hijos? Él dijo: «Hijo mío, no tomes a la ligera la disciplina del Señor y no te des por vencido cuando te corrige. Pues el Señor disciplina a los que ama y castiga a todo el que recibe como hijo»”, Hebreos 12:5-6.

Pregúntate:

¿Es mi relación con Dios como la de un esclavo con su amo o como la de un hijo con su padre?

¿Puede la gente reconocer que soy hijo de Dios?

¿La manera en la que vivo habla bien o mal del Padre que tengo?

¿Tomo a la ligera la disciplina de mi Padre?

¿Agrado a mi Padre en la forma en que trato a mis hermanos?

Ora:

-Dale gracias a Dios porque te adoptó como hijo.

-Pídele a Dios que te ayude a través de Su Espíritu a reflejar el carácter de tu Padre.

-Pídele a Dios que te de un corazón para alcanzar con Su Palabra a aquellos que están huérfanos espiritualmente.

-Pídele a tu Padre que te ayude a recibir Su disciplina con agradecimiento.



Por Betsy Torres de Gómez

 

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