Jesús es nuestro ejemplo perfecto

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Si somos discípulos de Cristo, entonces tenemos que seguir Su ejemplo en cuanto a buscar a Dios y ayunar.

Hoy te voy a hablar de un tema que pocos quieren abordar. ¡El ayuno! Durante años creí equivocadamente que esto era algo seguramente bueno para los demás, pero no para mí. ¡Tenía incluso una excusa de carácter médico para no ayunar!

Existen muchos héroes de la fe y varias maneras de ayunar (el ayuno de Esther, el de Daniel, el de Elías...). Sin embargo, Jesús es para mí el ejemplo perfecto en lo que respecta al ayuno.

Leemos en Lucas 4:1-2, “Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre”

Jesús, después de haber sido bautizado en agua, fue “lleno del Espíritu Santo”. Por tanto, es seguramente después de haber ayunado en el desierto durante 40 días que Él fue revestido del “poder del Espíritu”, ¡lo que es todavía más entusiasmante!

Jesús tenía la costumbre de orar, de ir a un lugar especial para buscar a su Padre. Le gustaba, por ejemplo, orar en el Monte de los Olivos.

Querido(a) amigo(a), ¿cuál es tu lugar especial de oración? ¿Dónde te refugias cada día para tomarte un tiempo en el que puedas hablar con tu Padre?

La palabra griega para “costumbre” es ethos, y se podría traducir también por rito, ritual, o hábito. Jesús tenía una serie de buenas costumbres en su vida espiritual. Una de ellas era que por la mañana, cuando muy a menudo sus discípulos dormían aún, Él se iba a orar solo, aparte. Recibía la fuerza para vivir una jornada intensa, en la cual iba a sanar a muchos enfermos, a enseñar a las multitudes que le seguían, a resistir a los fariseos...

Nuestro cuerpo y nuestro espíritu están íntimamente ligados, y aprender a disciplinar nuestro cuerpo con el ayuno tiene un efecto también directo sobre nuestro espíritu.

Además, la palabra “disciplina”, ¿no se deriva de la palabra “discípulo”? Si somos discípulos de Cristo, entonces tenemos que seguir Su ejemplo.

Cuando ayunamos para buscar al Señor, el poder del Señor nos fortalece en nuestra debilidad. Al ayunar nos sentimos físicamente más débiles, pero a la vez permitimos a la gracia de Dios que se manifieste en nuestras vidas. Nuestro espíritu se fortalece y el Señor nos hace entrar en una dimensión superior de revelación y gloria. ¿Y si empiezas ayunando una comida, o incluso un día entero? Como Tiffany me escribía “He ayunado por primera vez gracias a Un Milagro Cada Día, y por primera vez, ¡sentí a Dios hablarme!”.

Gracias por existir,
Eric Célérier

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