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Jesús, amado de Dios

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Cuando escuchamos a Jesús, el Hijo amado, también estamos escuchando a Dios el Padre.

“Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia” – Mateo 17:5

En Mateo 17, los discípulos fueron testigos de algo sorprendente: ven la transfiguración de Jesús. Lo ven en una forma que nadie lo había visto nunca. Ellos alcanzaron a ver a Jesús como Dios.

“Cristo era Dios y hombre; pero, en los días de su carne, él tomó forma de siervo (Filiprnses 2: 7). Puso un velo sobre la gloria de su divinidad; pero ahora, en su transfiguración, se quitó ese velo, apareciendo… en forma de Dios (Filipenses 2: 6), y dio a sus discípulos una visión de su gloria, de una forma distinta.” – Matthew Henry

Y entonces oyeron la voz de Dios Padre diciendo: “Este es mi Hijo amado, con quien tengo complacencia; escúchenlo.” Es algo que el Padre había dicho antes, en el bautismo de Jesús, pero esta vez le agrega algo más. Él dice, “… escúchenlo.”

El Padre sabe que cuando escuchamos a Jesús, el Hijo, también estamos escuchando a Dios el Padre. Son distintos y sin embargo son Dios. Es como si sus corazones latieran como uno, porque su voluntad y sus deseos están en perfecta unidad.

¿Por qué el Padre quiere que escuchemos su Hijo? Porque sólo en Él es que encontramos la salvación.

¿Quieres ser libre? ¡Entonces escucha a Jesús!

¿Quieres estar en paz? ¡Entonces escucha a Jesús!

¿Quieres estar satisfecho? ¡Escucha a Jesús!

¿Quieres ser feliz en todas las circunstancias? ¡Escucha a Jesús!

David era grande, pero también metió la pata magníficamente. A pesar de los pecados bastante terribles de David, se le consideraba un hombre conforme al corazón de Dios – no porque él era mejor que nosotros – sino por pertenecer a Aquel que es mejor en todos los sentidos.  

En Jesús se encuentra todo lo que necesitamos para la vida y la piedad, y es por escuchar a Jesús, el verdadero hombre conforme al corazón de Dios, que nosotras también podemos ser llamadas mujeres “conforme al corazón de Dios.”

Por Jen Thorn

 

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