¿Invisible?

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Aunque nos sintamos invisibles para el mundo, Dios nos ve claramente y sabe que somos mucho más que nuestras circunstancias o los pecados que hemos cometido.

Miren cuánto nos ama el Padre, que nos ha concedido ser llamados hijos de Dios. Y lo somos. El mundo no nos conoce, porque no lo conoció a él.  Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser. Pero sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él porque lo veremos tal como él es.  Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro. – 1 Juan 3:1-3

¿Alguna vez has sentido como que eras invisible?

En algún momento, de alguna forma, todos nos hemos encontrado con personas pidiendo limosna, indigentes que andan deambulando por la ciudad sin un lugar fijo donde vivir, sin trabajo, sin posibilidades de llevar una vida productiva. Nos preguntamos cómo llegaron a estar así y fácilmente deducimos que fue como resultado de malas elecciones, mala educación o simplemente mala suerte. Si nos sentimos generosos, les damos algunas monedas. Pero si no, los ignoramos como si fueran invisibles. Probablemente, los ignoremos…

Ante Dios todos somos indigentes, mendigos sucios manchados por el pecado. Sin embargo, ¡nuestra situación no es invisible para Dios! Aun cuando estábamos deambulando por los rincones oscuros de nuestras vidas, vestidos con los trapos sucios del pecado, Dios eligió no alejarse. Él no nos miró de reojo y se puso a pensar en cómo llegamos a ese estado, ni se fue a buscar a alguien mejor, alguien que no estuviera tan cargado de "problemas".

No, en lugar de despreciarnos, el Padre se detiene y se adentra en nuestro mundo. Incluso nos acerca a sí mismo y, en lugar de simplemente ignorarnos y seguir su camino, nos llama a ser parte de su familia: con todas nuestras marcas de pecado. Al darnos a Jesús, nos ha dado todo: el perdón de los pecados, una nueva vida en y la bendita aceptación de ser hijos de Dios.

No merecemos nada de esto, por supuesto, pero Dios nos lo ha dado de todos modos: “Miren cuánto nos ama el Padre, que nos ha concedido ser llamados hijos de Dios. Y lo somos". Dios nos hace saber que, aunque nos sintamos invisibles para el mundo, él nos ve claramente y sabe que somos mucho más que nuestras circunstancias actuales o los pecados que hemos cometido.

Para Dios no somos invisibles.

ORACIÓN: Padre celestial, gracias por vernos tal como somos y no ignorarnos, sino limpiarnos y adoptarnos como hijos tuyos a través de la sangre salvadora de Jesús. En su nombre. Amén.

Para reflexionar:

1. ¿De qué cosas te ha rescatado Dios?

2. ¿De qué manera ha cambiado tu vida luego que Dios te rescató?

Por: Paul Schreiber

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