Iluminada por la Biblia

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La conducta o ética de la mujer verdaderamente cristiana debe ser consistente con la enseñanza bíblica.

“Lámpara es a mis pies tu Palabra y lumbrera a mi camino”, Salmos 119:105

En un mundo de relativos y valores invertidos, entender la diferencia entre lo correcto e incorrecto, lo justo e injusto, lo santo y lo vil, o lo moral e inmoral, se hace cada vez mas difícil. Pero gracias a Dios que en su anticipado conocimiento Él nos dejó una lámpara: la Biblia.

La Biblia es una lámpara y luz divina tanto para el interior de nuestra alma, como para el exterior de nuestra vida. Con ella podemos ver las profundidades de nuestro corazón y alumbrar la oscuridad de nuestra mente. Y con ella podemos descubrir los engaños del enemigo y eliminar las sombras y tinieblas de nuestro alrededor.

Como cristianas es nuestra responsabilidad permitir que la luz de la Palabra de Dios esclarezca nuestra vida a fin de alumbrar a otras con el testimonio vivo del poder transformador de Dios. Esto implica no solo que debemos ser diferentes, sino que debemos ser un ejemplo para las demás.

La conducta o ética de la mujer verdaderamente cristiana debe ser consistente con la enseñanza bíblica. Dios dio la ley para mostrarnos qué es importante y Él se ocupa de cómo vivimos. Fue el medio para que pudiéramos reconocer nuestras faltas y tuviéramos una pauta concreta de cómo debemos vivir a fin de agradarle y mostrar amor a los demás.

Si pues hemos sido iluminadas por la Verdad de Cristo, nuestros valores y principios deben reflejar los de Dios en todas las áreas de nuestra vida; interior y exterior. Ello refleja nuestro grado de estimación y apego a Su voluntad, además de ser la medida por la cual nos juzgarán nuestros espectadores y seremos disciplinadas o galardonadas por Dios.

Oración: Padre Bueno, gracias por la oportunidad que me concedes de brillar para ti como luminaria y antorcha encendida. Reconozco que mi exterior es la manifestación de cómo estoy interiormente. Procuraré vivir de acuerdo con tu Palabra como la mejor expresión de mi adoración. En el nombre de Jesús, amén.

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