Honrando a la familia

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Damos honra a Cristo al honrar a nuestros padres, abuelos y familiares necesitados.

“Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora”, Mateo 25:13

Mi abuela, quien ya partió con el Señor, no estuvo presente en mi vida durante mi niñez ni adolescencia por situaciones familiares y eso no permitió que se estableciera un lazo afectivo entre nosotras. Ya siendo yo casi una adulta, decidí visitarla después de no haberla visto por casi 10 años. A partir de ahí la visitaba por lo menos una vez al año y eso era suficiente para nuestra no cercana relación.

Pero los últimos 2 años el Señor me despertó una necesidad grande de honrarla, no por lo que ella hizo o dejó de hacer, sino por quien ella era. Visité a mi abuela tanto como pude y le di tantos besos y abrazos como nunca le había dado. La peiné y le di de comer a una niña de 7 años atrapada en un cuerpo de una anciana de 103 años, quien unas veces me preguntaba quién era yo y otras veces me hablaba de mi padre, su hijo.

La última vez que estuvimos juntas en una reunión familiar, yo me senté todo el tiempo a su lado para cuidarla y fue una tarde hermosa. Al despedirnos ese día, por primera vez en mi vida lloré de nostalgia y amor genuino por ella. Anhelaba volver a visitarla pronto.

Los días pasaron y las cosas se complicaron en mi casa: mi hijo pequeño se accidentó y fue hospitalizado, llegaron las guías de estudio y el estrés de los exámenes finales, mi hija se enfermó y finalmente mi esposo. Aunque en mi corazón estaba el anhelo de visitar a mi abuela, por el cúmulo de cosas y las finanzas no fue posible. El día que me informaron que había fallecido sentí un pesar tan grande que luego se convirtió en culpa y remordimiento. Pase 3 semanas terribles, sintiendo que no me esforcé lo suficiente. 

Dios usó la vida de una hermana para ministrarme y me hizo ver que en verdad la honré y que aunque siempre podemos esforzarnos más, nada ganamos con culparnos; más bien debemos venir al Señor y pedir perdón por nuestras faltas. Cristo abogará por nosotras delante del Padre para liberarnos de nuestras cargas y nos permitirá ser más diligentes en el futuro, para ir más allá de nuestras propias fuerzas si fuere necesario.

Amadas hermanas, que podamos discernir entre lo urgente y lo importante, y que no nos dejemos arropar por las muchas ocupaciones. Cuando Dios nos manda a hacer algo debemos hacerlo a pesar de las circunstancias, de las fuerzas físicas y muy a pesar de los recursos económicos. No seamos escasas y demos honor a Cristo al honrar a nuestros padres, abuelos y familiares necesitados. Lo que tengamos que hacer hagámoslo ahora, no sabemos cuándo se agotarán las oportunidades para hacer aquello que Dios nos ha mandado hacer.

Oración: Padre, gracias porque alargaste los días de mi abuela hasta que nuestra relación fuese restaurada. Gracias por las veces que me permitiste servirle y recordarle tu amor. Gracias porque ella te conoció y ahora está en tu presencia. Gracias porque un día nos encontraremos junto a ti adorándote por la eternidad y nuestra relación será perfecta por siempre. Gracias porque eres un Dios restaurador, perdonador y libertador. En Cristo te bendigo Padre, amén.

Por Belinda Castellanos

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