Hijas de la feminidad

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La responsabilidad de las mujeres mayores es entrenar a las más jóvenes. ¿Eres consciente de ese llamado?

“Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno, que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada”, Tito 2:3–5

Cómo hacer compras de supermercado, planear menús, cómo presupuestar, cuidar del jardín, limpiar, decorar, cocinar, organizar, relacionarse con los hombres; cómo ofrecer cuidado maternal a un recién nacido, enseñarle a controlar sus esfínteres; cómo criar un niño pequeño, cómo amar a un adolescente con gracia —todas estas situaciones le brindan oportunidades a las mujeres mayores para entrenar a las más jóvenes. ¡Qué privilegio y qué responsabilidad tenemos como mujeres de pasar a otras nuestra propia experiencia de vida, incluyendo tanto destrezas prácticas como un corazón sabio!

El modelo bíblico para aprender el arte de la feminidad es: aquellas que van delante gozosamente se colocan al lado de las que van detrás. Las más maduras ofrecen sabiduría, aliento, enseñanzas, ayuda práctica, entendimiento, esperanza, balance y estabilidad. La mujer joven que no procura tomar ventaja de la sabiduría que pudiera obtener de aquellas que van más adelante en su caminar es poco sabia y corta de visión.

Quizás estés tentada a pensar, “¿Cómo podría yo ser mentora de una mujer más joven? ¡No conozco lo suficiente! Además, ¡mira todos los errores que he cometido!”  Recuerda, no tienes que ser una académica de la Biblia para transmitir verdad, compartir experiencias de tu caminar con Dios, o para ayudar a una mujer más joven a tratar de resolver algunos asuntos relativos a su fe. Las mujeres más jóvenes necesitan amor, honestidad, verdades simples, experiencias de vida relatadas con sabiduría y confidencialidad y el regalo de tu tiempo. Es la responsabilidad de las mujeres mayores -y debiera ser su gozo- entrenar a las más jóvenes.

Cada etapa de la vida envuelve formas particulares para servir, pero para muchas, la estación del “nido vacío” pudiera proveer la mayor oportunidad para sembrar semillas espirituales, para alimentar esas semillas y para segar una gran cosecha. Los años del ocaso pudieran estar rebosando en abundancia ministerial. Si te encuentras en esa época de tu vida, no dejes que esos años se desperdicien –termina bien. Invierte en la generación futura.

Détente y piensa en esto: ¿Qué clase de legado espiritual le estás dejando a aquellos que siguen tus pasos?

Tómate un tiempo para reflexionar

Cualquiera que sea la edad en que te encuentres verás mujeres más jóvenes y mayores que tú a tu alrededor. Considera las mujeres en tu congregación. Si actualmente no estás invirtiendo en una mujer más joven que tú en la fe, ora para ver a quién pudieras discipular. Si conoces a una esposa joven, una mamá joven, o una mujer soltera que necesita ayuda para aprender algún tipo de destreza femenina práctica, ofrécete para llevarla  al supermercado, para hacerle algún plato, darle consejos sobre limpieza, y así por el estilo. Pregúntale cómo pudieras orar por ella y por su caminar con Dios. Si eres una mujer joven, busca ayuda espiritual y práctica de una mujer mayor.

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