Hermosamente Imperfecta

Description

Somos la obra de arte de Dios escrita con los versos de su amor y gracia.

“He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano”, Jeremías 18:6

Nunca te detengas a observar a un artista en el proceso de su creación, porque te parecerá que lo que está haciendo es una locura. Pero sé paciente y espera observar los finos detalles de su composición final y verás una obra de excelencia exquisita. Quien hubiera visto a Leonardo Da Vinci en el proceso de pintar la “Monalisa”, o a Miguel Angel esculpir su obra cumbre “La Piedad”, hubiese llegado apresuradamente a la conclusión de que estaban haciendo una cosa sin valor, algo sin ton ni son, un trabajo sin sentido que no tenía ni pie ni cabeza.

Sin embargo, hoy esas obras son la sublime expresión artística del genio humano: únicas, imponentes, insuperables y admiradas. Pues, ¿sabes qué?, hay un artista mucho más grande que todos los genios de la humanidad; de hecho, fue él quien les dio a ellos esa capacidad. Nuestro Dios es el más fino artista del universo; sólo él puede tomar un trozo de barro como nosotras y hacer una obra maestra.

Efesios 2:10 dice: “Somos hechura suya, creados en Cristo”. La palabra “hechura” es la palabra griega “poiema” de donde viene la palabra “poema” en español.  Lo que nos está diciendo es que cada creyente es un “poema” de Dios; somos su obra de arte escrito con los versos de su amor y gracia.

Dios es el gran alfarero, el cual siempre hará lo mejor con nosotras y en nosotras. Él siempre se valdrá de los mejores medios para alcanzar los mejores fines en nosotras; aunque a veces eso implique ponernos sobre la rueda de la aflicción, del dolor o la enfermedad, o sencillamente quebrarnos para luego rehacernos de nuevo, con sus manos consoladoras, como todo un experto alfarero para darnos la forma final que Él desea. Dios nunca se detendrá hasta darnos la forma que Él quiere de acuerdo a su plan y propósito. Filipenses 1:6 nos enseña que: “El que empezó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”.

Si en tu vida existe algún defecto físico con el que no te sientes bien, piensa que Dios, el alfarero por excelencia, fue quien determinó hacerte así con algún propósito especial.  No vayamos tras los patrones que el mundo nos quiere vender, el de esa mujer con figura escultural, como si eso fuera lo único que importara. Somos hermosas ante los ojos de Dios y pronto recibiremos cuerpos nuevos y transformados cuando seamos glorificadas a la semejanza del cuerpo de la gloria de Cristo (Filipenses 3:21).

Oración: Gracias Señor porque mis defectos son especialidades de tus propósitos y que me hacen única. Gracias porque en tus ojos somos bellas y valiosas. En el nombre de Jesús, amén.

Por Carmen García de Corniel

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