Hay más para ver

Description

Una vez eras oscuridad, pero ahora eres luz en el Señor. ¡No cierres los ojos!

En otro tiempo, ustedes eran oscuridad; pero ahora son luz en el Señor. Por tanto, vivan como hijos de luz. – Efesios 5: 8

Las técnicas quirúrgicas desarrolladas a lo largo de los años han hecho posible que algunas personas, ciegas de nacimiento, puedan ver. ¡Que milagro! ¡Qué bendición de Dios!

Pero es una bendición mixta, sin duda. Los médicos que realizaron estas cirugías pronto descubrieron que no todas las personas que recuperaron la vista realmente se beneficiaron. No todos pueden adaptarse a ver después de haber desarrollado tanto sus otros sentidos durante 20, 30 o 40 años, para compensar la ceguera.

Un médico que estudió a estos pacientes señaló que, cuando se les pidió que realizaran tareas relativamente difíciles como subir un tramo de escaleras, por ejemplo, antes de hacerlo cerraban los ojos. Siempre lo habían hecho así, por lo que se sentían más seguros y cómodos.

Es fácil de comprender. Algo así hacemos en nuestra vida espiritual, y con consecuencias drásticas.

Por la gracia de Dios, sus hijos disfrutamos de las bendiciones de la visión espiritual. La Biblia dice que una vez fuimos oscuridad, pero ahora somos luz en el Señor y el Espíritu Santo nos insta a caminar como hijos de la luz.

Pero surgen situaciones en las que estamos tentados a cerrar los ojos mientras caminamos. Cuando enfrentamos problemas, nos es más cómodo volver a nuestra antigua forma de ver las cosas desde un punto de vista meramente humano.

Nuestros ojos se han abierto al poco tiempo disponible con el que contamos antes que llegue la noche, antes del día en que nuestro Señor regrese y traiga juicio a las naciones.

Nuestros ojos se han abierto a las ricas promesas de Dios, a la imposibilidad de que Él le falle a sus hijos.

Nuestros ojos se han abierto a la excelencia que Él ha puesto dentro de nosotros a través de su Espíritu Santo, una excelencia que nos ha comisionado para usar en servicio a quienes nos rodean.

Nuestros ojos se han abierto al poder de su gracia, tanto para justificarnos como para santificarnos.

Nuestros ojos están abiertos, pero podemos elegir cerrarlos. Podemos elegir mirar a las personas y las situaciones como lo hace el mundo.

El Espíritu de Dios no abre nuestros párpados espirituales a la fuerza. Él no forzará a los creyentes o incluso a congregaciones enteras a usar la visión espiritual que Él ha dado. No nos obligará a ver.

Pero qué tragedia si nosotros, Su pueblo, ¡desperdiciamos la visión que Él da tan brillantemente! Qué tragedia si tropezamos con la mediocridad miope cuando, en un intercambio generoso, nos ofrece vida y excelencia abundantes.

Una vez eras oscuridad, pero ahora eres luz en el Señor. ¡No cierres los ojos! Vive como hijo de la luz.

ORACIÓN: Padre celestial, la luz ha venido en tu Hijo Jesucristo. Ilumina nuestras vidas con la luz de la vida. En el Nombre de Jesús oramos. Amén.

Para reflexionar:

1. Caminar como hijos de la luz puede ser difícil. ¿Qué herramienta o recurso utilizas para mantener tu mirada en Jesús?

2. ¿De qué manera la luz en tu vida ilumina el camino de quienes te rodean?

Por: Jane Fryar

Please register for a free account to view this content

We hope you have enjoyed the 10 discipleship resources you have read in the last 30 days.
You have exceeded your 10 piece content limit.
Create a free account today to keep fueling your spiritual journey!

Already a member? Login to iDisciple

Related
Gracia concedida
Dr. Charles Stanley
Libre (Parte 1): Es peor de lo que pensabas
Alejandro Mendoza
Disfrute de la plenitud de Su herencia
Bayless Conley
Cultura de la resurrección (Parte 1)
Primeros15
La experiencia de su libertad
Primeros15
Follow Us

Want to access more exclusive iDisciple content?

Upgrade to a Giving Membership today!

Already a member? Login to iDisciple