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Haga el bien a todos

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En algunas ocasiones podemos adorar mejor a Dios en las calles que en la iglesia.

Los cristianos fueron perseguidos como enemigos del estado durante casi todos los tres primeros siglos de su existencia. La ironía es que el cristianismo ciertamente puede florecer en un clima político de gran libertad, pero a veces lo hace aún mejor en tiempos de gran opresión.

En esos primeros siglos, a los estados judío y romano les faltaba un gran recurso. Los cristianos en realidad son los mejores ciudadanos. Nuestro Dios nos manda que nos preocupemos por la comunidad civil, no solo por la comunidad de la iglesia.

El Dios que nos ama de manera incondicional nos forma para amar incondicionalmente también a todas las personas que nos rodean, no solo a los otros cristianos. “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y especialmente a los de la familia de la fe” (Gálatas 6:10).

Desde luego, Dios quiere que nos preocupemos por la comunidad de nuestra iglesia, pero en algunas ocasiones podemos adorar mejor a Dios en las calles que en la iglesia.

Cuando los cristianos actúan como Cristo en el mundo, honran a Aquel cuya sangre pagó los pecados del mundo. Cuando amamos a los demás como los amó Cristo, con real y auténtico interés, destruimos la caricatura de los cristianos como presuntuosos críticos hipócritas.

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