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Gracia con los demás

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No hay ningún error que alguien pueda cometer contra nosotros que pueda compararse con la cantidad de favores no merecidos que hemos recibido de Dios.

Pasaje Bíblico: “Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros.  De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros”. Juan 13:34

En respuesta a la riqueza de la gracia que nos dio nuestro Padre celestial, somos llamados a ser ministros de su gracia para con los demás. Mientras no liberemos a los demás de tener que cumplir con nuestros estándares, nunca experimentaremos la verdadera libertad. Vivir separado de una actitud de gracia continua nos roba la alegría de vivir sin expectativas irreales con respecto a los demás. Cuando nos demoramos en ofrecer gracia por los pecados de otros, salimos del territorio del reino de Dios y depositamos nuestra esperanza y seguridad en este mundo fugaz.

Jesús nos cuenta una historia importante para que prestemos atención en Mateo 18:21-35. En esta parábola el rey le perdona a un siervo una deuda sumamente grande, pero en lugar de tomar la gracia que se le mostró y ofrecérsela a otros, el sirviente busca a un compañero de servicio y comienza a ahogarlo hasta que paga su deuda. Al enterarse de la falta de gracia de su siervo, el rey lo encarcela hasta que pague lo que debía. Y en el versículo 35 Jesús concluye: “Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de corazón a su hermano”.

Estamos llamados a ofrecer gracia a los demás, y no por quiénes son o por lo que han hecho. Si la gracia estuviera basada en el mérito o la autoestima, no sería gracia. Estamos llamados a ofrecer gracia porque ninguna deuda contraída con nosotros se compara con la deuda insuperable de pecado perdonada por la muerte de Jesús. No hay ningún error que alguien pueda cometer contra nosotros que pueda compararse con la cantidad de favores no merecidos que hemos recibido.

Al mostrar gracia a los demás comenzamos a experimentar con mayor profundidad el gozo de nuestro Padre celestial. Al ofrecer misericordia a los que no la merecen hacemos brillar la luz de la gracia de Dios en la oscuridad de un mundo sin segundas oportunidades. Que no seamos como el siervo implacable en Mateo 18, sino que seamos como nuestro Salvador amoroso. Que no nos conformemos con los patrones de falta de perdón que se encuentran a nuestro alrededor, sino que depositemos nuestra esperanza en el cielo y dejemos de lado aquello que el mundo consideraría legítimamente nuestro. Que cometamos escándalos de gracia que los perdidos no puedan comprender y el mundo no pueda explicar. Que el amor de nuestro Padre celestial brille a través de nosotros cuando salimos para encontrarnos con los débiles y pecadores en su necesidad y ofrecerles misericordia y compasión.

1 Corintios 13:1-3 dice: “Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido.  Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso”. Podemos ganar todo mientras buscamos amar a otros con la compasión y la gracia de Dios. Que podamos amar más allá de lo que el mundo entiende y ofrecer gracia más allá de lo que cualquiera podría esperar. Tómate un tiempo en la oración guiada para permitir que Dios te llene con una revelación nueva de la gracia que te han mostrado. Permite que tu Padre te llene con su corazón por los demás, y pídele al Espíritu Santo que te transforme en un ministro de su divina gracia hoy.

Guía de Oración:

1. Permite que Dios te llene con una revelación fresca de su gracia ilimitada. Medita en la Biblia y permite que llene tu corazón con acción de gracias por lo compasivo que es tu Padre celestial.

“Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte”. Efesios 2:8-9

“Así lo hizo para que, justificados por su gracia, llegáramos a ser herederos que abrigan la esperanza de recibir la vida eterna”. Tito 3:7

“Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”. Juan 3:16

2. Pídele a tu Padre celestial que te llene con su corazón por los demás. Pregúntale a quién quiere ofrecer gracia a través de ti hoy. Pregúntale cómo puedes revelar su amor y su corazón compasivo a los perdidos que te rodean.

“Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo”. Mateo 5:16

3. Pídele al Espíritu Santo que te transforme en un ministro de su gracia divina. Pídele que te dé el coraje y la perspectiva para amar, perdonar y mostrar gracia a los que no lo merecen.

“Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, de manera que siempre, en toda circunstancia, tengan todo lo necesario, y toda buena obra abunde en ustedes”. 2 Corintios 9:8

El padre en la parábola del hijo pródigo no dudó en mostrar gracia a su hijo rebelde. Salió corriendo a recibirlo en su momento de mayor necesidad y le devolvió la vida para la que había nacido. No dudes en mostrar gracia hoy. No esperes a ser usado por tu Padre celestial. Corre para conocer a aquellos que están en sus puntos más bajos. Afirma y anima a los que se han dado por vencidos. Ama y restaura a quienes sienten vergüenza y desamparo. Que tu Padre celestial te use de manera poderosa para revelar su gracia amorosa a un mundo que necesita desesperadamente una misericordia inmerecida.

Lectura Complementaria: Mateo 18

Por Craig Denison

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