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Fue por amor a ti…

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Jesús se despojó a sí mismo, lo dejó todo, renunció a Su trono de gloria, ¡y lo hizo por amor a ti!

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). Este es el primer versículo que encontramos en la Biblia. En el texto original en hebreo, la palabra que traducimos como Dios es “Elohim”. ¿Sabías que en hebreo “Elohim” es una palabra plural?

Más adelante, en el momento de la creación del hombre, está escrito en el versículo 26 que “dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza...” ¿Ves de nuevo la utilización del plural aquí por parte de Dios en “hagamos” y “nuestra”?

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas distintas de Dios, pero desde toda la eternidad han sido y son uno. Las Santas Escrituras hablan claramente de Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo, pero insisten igualmente en el hecho de que hay un solo Dios. Una forma en la que podríamos ilustrar esto es que 1 x 1 x 1 es siempre 1.

Sí, “Dios son uno”, podríamos decir. Es una tri-unidad, comúnmente llamada La Trinidad.

En esta tri-unidad, en este plural tan singular, hay desde siempre una cohesión extraordinaria, una paz infinita, una unidad sin falla y un amor sin límites. 

Sin embargo, Dios el Hijo, Jesús, escogió dejar esta unidad perfecta y eterna para venir al mundo a salvar a la humanidad. Sí, como lo dice Juan 3:16, “porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Piensa en esto: ¡Dios debía realmente amar al mundo como para enviar a su Hijo, Su Hijo único!

Pero esta separación momentánea fue necesaria para que tú y yo pudiéramos estar de nuevo unidos a Jesús, reconciliarnos con el Padre y llenarnos de su Espíritu Santo.

Jesús se despojó a sí mismo, lo dejó todo, renunció a Su trono de gloria, ¡y lo hizo por amor a ti! Renunció incluso a Su unidad con el Padre por ti: “Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46).

“¿Por qué me has abandonado?” Y a esta pregunta, hay otra que brota en lo profundo de mi corazón: “Jesús, ¿por qué abandonaste Tu gloria en el cielo?”. Su dulce respuesta resuena en mi interior con fuerza: “Por amor. Por amor a ti”.

Hizo esto por ti, querido(a) amigo(a), para que por Su sacrificio tú pudieras tener acceso al perdón, a la reconciliación con Dios, y a esta comunión con el Padre. El Hijo amado del Padre lo entregó todo para que tú también pudieras convertirte en un(a) hijo(a) de Dios. ¡Y ahora, tú también eres un(a) hijo(a) amado(a) del Padre! ¡Gracias Señor por Tu amor tan increíble!

Gracias por existir,
Éric Célérier

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