Fue en esa cruz

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¿Quieres ser parte de ese poder Salvador de Jesús que se operó en esa maravillosa cruz?

“Él anuló el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, y la quitó de en medio clavándola en la  cruz”, Colosenses 2:14

La cruz de Jesús es el símbolo más grande del amor de Dios para la humanidad. Esa hermosa cruz representa la capacidad que tiene Jesús para salvar permanentemente a los hombres de la muerte eterna.

Fue allí, en esa cruz, que Cristo se hizo pecado. Fue allí, en esa cruz, que Dios trató al Salvador del mundo como si fuera un pecador, aunque no lo era. Fue allí, en esa cruz, que Dios se hizo nuestro sustituto llevando nuestro castigo y muriendo en lugar nuestro. Fue allí, en esa cruz, que Cristo se hizo pecado para que nosotros pudiéramos ser justicia de Dios en Él. Fue allí, en esa cruz, que Jesús pagó nuestro rescate y nos liberó del lazo del mismo diablo. Fue allí, en esa cruz, que Jesús se hizo maldición por ti y por mí.

Fue allí, en esa cruz, que Dios trató al inocente como si fuera culpable y derramó sobre Él toda la ira acumulada desde el principio. Fue allí, en esa cruz, que Jesús adquirió los derechos de propiedad nuestra. Fue allí, en esa cruz, que Jesús purificó para sí a un pueblo para buenas obras. Fue allí, en esa cruz, que Jesús sufrió el abandono del Padre por nuestros pecados. Fue allí, en esa cruz, que Jesús se entregó voluntariamente en rescate por nosotros. Esto se llama misericordia y gracia.

Fue allí, en esa cruz, que la satisfacción que Él dio a la justicia de Dios fue consumada. Fue allí, en esa cruz, donde Jesús destruyó totalmente el poder de Satanás, del pecado y de la muerte. Cuando Jesús exclamó en la cruz “Consumado Es” se pagó todo, se perdonó todo, la cuenta de nuestras rebeliones quedaron totalmente saldadas y Dios quedó satisfecho. A partir de ese momento ya no hay condenación para los que están en Cristo Jesús. ¡Aleluya!

¿Cuál fue el precio? Su propia sangre. La sangre preciosa de Jesucristo que nos limpia de todo pecado.

Ahora somos libres de la condenación de Dios, ya no estamos bajo el manto de la ira venidera. Jesús nos sacó de una vida miserable y condenada a la perdición eterna.

¿Quieres ser parte de ese poder Salvador de Jesús que se operó en esa maravillosa cruz? Todos aquellos que responden a la invitación del Espíritu a levantar la vista hacia esa grandiosa cruz, serán atraídos al Salvador y disfrutarán de su eterna bondad y del perdón que allí Dios realizó.

Oración: Jesús, gracias por tan grande sacrificio. Gracias por morir en la cruz del Calvario, gracias por morir por mí. Gracias por redimirme aunque no merecía ser redimida. Mi vida está escondida en Ti.  En el nombre precioso de Jesús, amén.

Por: Jeanette Lithgow 

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