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Fervor

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¿Cómo mantienes viva la llama de tu pasión hacia el Señor y Su obra?

Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni tampoco de mí, preso suyo. Al contrario, participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, quien nos salvó y nos llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos.2 Timoteo 1: 8-9

El otro día me encontré con una palabra que debería ser parte de un comercial de té helado: "defervescencia", que significa el enfriamiento o disminución de la temperatura corporal. Es una palabra útil cuando se acerca el verano y las temperaturas comienzan a aumentar.

Quienes escriben columnas de consejos, al igual que los defensores de la psicología popular, a menudo recomiendan una “disminución de la temperatura” en situaciones estresantes. Esto tiene sentido ya que a veces necesitamos enfriarnos, evaluar una situación y dar a nuestros nervios la oportunidad de calmarse. O, como aconseja la tapa en el frasco de mayonesa: “Mantener fresco; no congelar".

Pero hay veces en que necesitamos encender los quemadores, por así decirlo, sobre todo cuando es necesario aumentar los niveles de energía. Es en esos momentos en que es útil aplicar la palabra fervor, celo. Es lo que me gustaría ver en la vida diaria del pueblo de Dios, ¿tal vez los “fanáticos fervientes” de Dios?

Las formas en que podemos llegar a ser más apasionados en nuestra vida cristiana son infinitas: trabajar un fin de semana con un grupo de voluntarios; invitar a cenar a los nuevos vecinos; ir a visitar a personas enfermas en un hospital o asilo de ancianos; enseñar en la escuela dominical o colaborar con el grupo de jóvenes. Y todo esto puede comenzar dedicando unos minutos cada día a leer la Palabra de Dios o una devoción diaria.

El apóstol Pablo no fue ajeno al fervor. Encontró a Juan, Marcos y, más tarde, a Timoteo, y se dirigió a partes desconocidas declarando las Buenas Noticias sobre Jesús por todos lados. Él fue quien dijo: "¡Ay de mí si no predico el evangelio!" (1 Corintios 9: 16b). Y encendió en el mundo la llama del Evangelio, porque el Espíritu Santo lo había encendido a él. ¿Le has pedido a Dios que te llene con esa misma llama, ese mismo celo y fervor?

No es fácil servir a Dios cada día en medio de los desafíos de la vida. Pero con el poder de la gracia de Dios y el Espíritu Santo para guiar nuestros pasos podemos lograrlo, así como lo hizo Pablo. “Es verdad que aún somos seres humanos, pero no luchamos como los seres humanos. Las armas con las que luchamos no son las de este mundo, sino las poderosas armas de Dios, capaces de destruir fortalezas” (2 Corintios 10: 3-4).

A medida que avancemos fervientemente, recordemos que nosotros también poseemos ese mismo poder divino.

ORACIÓN: Señor Jesús, deja que nuestra vida arda brillantemente para ti y se convierta en luz para quienes nos rodean y luchan en un mundo oscuro. En tu nombre. Amén.

Por: Jane L. Fryar

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