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Femineidad para todas

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Sin importar la edad o el estado civil, todas las mujeres tienen algo valioso para aportar a la instrucción de otras y al evangelio de Cristo.

Sin duda la primera descripción de femineidad que encontramos en la Biblia la personifica Eva, la esposa de Adán. Así mismo, pareciera obvio que la descripción de femineidad o mujer virtuosa que encontramos en Proverbios 31 se refiere exclusivamente a una “mujer casada”, que está en casa, criando sus hijos y atendiendo a su esposo. Y la lista de Tito 2:3-5 pareciera reforzar esta idea al recomendar a las ancianas o mujeres espiritualmente maduras de la congregación a “que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos...”

De ser así, ¿dónde quedan las solteras, las viudas, la estéril o la divorciada? ¿Será que estas hermanas tienen poco que enseñar a las demás mujeres o contribuir a la causa de Cristo? No cabe duda de que el ideal de toda mujer -y en especial la cristiana- es casarse. Desde el principio este fue el deseo y la intención de Dios. Cuando Él dijo: “no es bueno que el hombre esté solo…” (Génesis 2:18), ciertamente tenía lo mismo en mente para la mujer.

Pero no podemos ignorar que la Biblia también nos presenta a mujeres como: Rut, Marta y María, Ana, Dorcas, Lidia y Priscilla, entre otras. Mujeres piadosas, ejemplos de carácter, virtud y servicio bíblico y femenino, pero que estaban dentro de las filas de las solteras, viudas, etc.

Rut, por ejemplo, era una viuda sin hijos, conocida en el pueblo de Booz por su testimonio como una mujer virtuosa (Rut 3:11). Ana fue una viuda devota quien servía en el templo con ayunos y oraciones (Lucas 2:36-38). Dorcas era una mujer soltera de Jope que abundaba en buenas obras y limosnas (Hechos 9:36). Marta y María eran un par de hermanas solteras y amigas de Jesús, donde Él posaba en sus viajes por la región (Juan 11:1). Lidia era una mujer soltera quien aparentemente se hizo cargo de sus hermanos y que luego de convertida abrió su casa para la proclamación del evangelio (Hechos 16:14-15). Priscilla, por su parte, era una mujer casada y sin hijos quien junto a su esposo Aquila viajaba con el apóstol Pablo discipulando a nuevos creyentes (Romanos 16:3).

La femineidad bíblica y la enseñanza es para toda mujer cristiana sin importar su edad o estado civil. A cada mujer le fue otorgada por el Espíritu Santo la capacidad de aplicar las Escrituras de forma consistente y para bendición de otras, en el contexto de sus quehaceres y vida diaria, sea casada, soltera, viuda, divorciada o estéril. Todas tenemos algo valioso con lo cual podemos aportar a la instrucción de otras y al evangelio de Cristo.

¡No tenemos excusa! Basta que al igual que las mujeres anteriormente citadas, todas usemos nuestros dones y tiempo creativa y graciosamente para la gloria de Dios. ¿Cuál será tu contribución?

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