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Fe en Dios

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No necesitamos más fe para hacer las cosas que Dios nos pide, sino más humildad para seguir dependiendo de su gracia y amor.

“¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no. Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos”, Lucas 17:9-10

El texto llega en respuesta de la petición de los apóstoles: ¡Auméntanos la fe! (Lucas 17:5). Es interesante notar cómo Jesús, en vez de orar al Padre para que la fe de ellos sea aumentada, los lleva a considerar una perspectiva más elevada de Dios. El problema no radica tanto en nuestra “poca o mucha fe”, sino en pedir fe, por la fe misma. No es más fe lo que necesitamos, sino una correcta comprensión del carácter y la ternura de Dios para con nosotras.

La idea central del texto es que Dios nos ha salvado por gracia, y es por esa misma gracia que aún somos sostenidas en la fe; “Por quien tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes” (Romanos 5:2). No es una fe gigante lo que necesitamos para trasladar los montes al corazón de la mar y hacer proezas sensacionales, de tal forma que todos vean el tipo de relación especial y cercana que tenemos con Dios.

No necesitamos “una gran fe” como un vehículo de autopromoción. Lo que necesitamos es un gran Dios que nos sostenga en nuestra fe para enfrentar los afanes diarios de la vida. La fe puede ser débil y pequeña como un grano de mostaza, o fuerte como la de Abraham; lo importante es que esté descansando en el objeto correcto: Dios y sus fieles promesas; “¡En Dios haremos proezas!” (Salmo 60:12), no en nosotras mismas.

Lo que Jesús quiere enseñarnos es que somos siervas de Dios y deudoras permanentes de su gracia. No debemos tratar de impresionar a Dios con nuestra fe, con nuestros esfuerzos personales o con hazañas asombrosas. “¿Acaso das gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no”, dice Cristo. Así tampoco nosotras debemos esperar que Dios nos dé las gracias por las cosas que hacemos por Él, porque lo único que estamos haciendo es la labor que como sus siervas debemos hacer. Todo proviene de Él, todo es de Él y para Él, por tanto, no es más fe lo que necesitamos para hacer cosas impresionantes, sino más humildad para seguir dependiendo de su gracia y amor.

Jesús canaliza la falta de enfoque de sus discípulos llevándolos a mirar la gracia de Dios. La gracia de Dios significa que somos tratadas mejor de lo merecemos, por lo que siempre estaremos en deuda con Él y no al revés. Todo lo hemos recibido por gracia y aún nuestra fe es un don de Dios (Filipenses 1:29). Así que cuando nos sintamos que estamos haciendo mucho por la causa de Dios y su Evangelio, o cuando creamos que necesitamos más fe para hacer cosas excepcionales, recordemos las palabras de Jesús: “Cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer eso hicimos”.

Oración: Padre Bueno, me comprometo a hacer lo que debo con lo mucho que ya tú me has dado. En Cristo Jesús, amén.

Por Carmen García de Corniel

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