Familias devotas

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Hacer de nuestros hogares lugares donde se fomentan las conversaciones acerca de la fe, los convierte en un oasis de luz para los demás.

Al acordarme de tus lágrimas siento deseos de verte, para llenarme de gozo; pues me viene a la memoria la fe sincera que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que habita en ti también. – 2 Timoteo 1:4-5 

La Biblia nos dice que el apóstol Pablo conoció a Timoteo cuando viajaba por las ciudades de Derbe y Listra en Asia Menor. Cuando se conocieron, Timoteo “era creyente", y la reputación del joven lo precedía: "Los hermanos (y hermanas) que estaban en Listra y en Iconio hablaban muy bien de él". “Así que Pablo quiso que Timoteo lo acompañara”. Mientras viajaban juntos, compartieron con las iglesias en el camino "las reglas que los apóstoles y los ancianos en Jerusalén habían acordado que se pusieran en práctica” (ver Hechos 16: 1-4).

Y mientras compartían juntos el Evangelio, Pablo y Timoteo forjaron un fuerte vínculo espiritual y emocional, tanto, que Pablo se refiere a Timoteo como "mi hijo amado" (2 Timoteo 1: 2b) cuando escribe acerca de la familia devota en la que se crio Timoteo (tanto su abuela Loida como su madre Eunice son elogiadas por su fe). Pablo está convencido que la misma fe de ellas habita en Timoteo.

¡Ese es el poder de una familia devota! Fue en su hogar donde Timoteo no solo escuchó las Escrituras, sino que las vio hechas realidad en las vidas de su madre y su abuela. Allí fue donde estuvo inmerso en la narrativa del Antiguo Testamento al escuchar las historias fantásticas de batallas y conquistas, escuchando atentamente a los profetas y sus predicciones sobre "el Hombre más sufrido" que fue "despreciado y desechado por la humanidad entera" (véase Isaías 53: 3 -5) que Timoteo llegó a comprender que era Jesús de Nazaret, el Mesías prometido.

Es fácil evitar tener conversaciones espirituales en casa. Después de todo, hablar de Dios, de la fe, de la vida y de Jesús no siempre es fácil. Sin embargo, ésta es una de las marcas de un hogar devoto y espiritual. Hay estudios que indican que hablar sobre nuestra fe no solo es gratificante, sino que trae alegría a quienes lo hacen. Los niños aprenden de sus padres y hermanos (y abuelos en el caso de Timoteo) a hablar sobre estos temas de forma natural. Y aunque los hogares de hoy en día están compuestos por diferentes combinaciones de miembros (padrastros, compañeros de cuarto, amigos, suegros, etc.), el potencial para conversaciones fructíferas es mayor que nunca.

Hacer de nuestros hogares lugares donde se fomentan las conversaciones acerca de la fe, los convierte en un oasis de luz para los demás. Si la educación de Timoteo en la fe fue tan evidente para Pablo, es probable que el hogar del joven discípulo fuera un lugar donde otros eran bienvenidos, donde se satisfacían las necesidades y donde se llevaban a cabo discusiones espirituales, discusiones como: “¿Quién es este Jesús del que se oye por allí?” y “¿Qué es eso que llaman 'fe'? ”

¡Cuán poderosas son las obras que Dios puede hacer por medios ordinarios, y cuán maravillosamente puede preparar a sus siervos para su jornada de fe! Y pensar que gran parte de esto comienza en casa.

ORACIÓN: Padre celestial, abre nuestras vidas para quienes nos rodean. Haz de nuestros hogares lugares donde otros escuchen la verdad de Jesús como Señor y Salvador. En su Nombre oramos. Amén.

Preguntas de reflexión:

1. ¿Quiénes contribuyeron al desarrollo y cuidado de tu fe? ¿De qué manera lo hicieron?

2. ¿Qué costumbres practicas en tu hogar para promover el estudio y la discusión de las Escrituras?

Por: Paul Schreiber

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