Falsas apariencias

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Si somos verdaderamente salvos, la manifestación de la santificación debe ser evidente y natural en nuestras vidas.

“Y la multitud de los que habían creído eran de un mismo corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que se poseía, sino que tenían en común todas las cosas”, Hechos 4:32

En los primeros capítulos del libro de los Hechos observamos el comportamiento que se manifestaba en los primeros cristianos. La sinceridad y la unidad que mostraban por medio de sus actos era producto de la obra hecha por Dios en Cristo en cada una de sus vidas por medio del Espíritu.

En cambio en el capítulo 5, del verso 1 al 11, se nos muestra una conducta diferente que es una verdadera advertencia para nosotras hoy día. Ananías y Safira, ejemplos de falsos cristianos, personas que estando en medio de ellos no lo eran en realidad; antes bien, con su conducta manifestaron no conocer a Dios y en sus actos de aparente piedad buscaron engañar a Dios y a todos. Lamentablemente, queriendo engañar a otros se engañaron a sí mismos, pues estaban llenos de falsa apariencia.  

De la misma manera, a nosotras no nos basta con vivir como cristianas y hablar como tales, pues esto no nos servirá de nada si solo es apariencia y no realidad. Lo cierto es que las verdaderas hijas de Dios mostrarán con naturalidad la obra que Dios ha realizado en sus vidas (Efesios 2:10) pues la regeneración del Espíritu Santo es algo que no se puede fingir. Tampoco el mandamiento bíblico es algo que buscarán adaptar a sus consideraciones, conveniencias o ambiciones, porque pretender engañar a Dios es engañarse a sí mismas.

Si hemos sido salvas y en verdad somos hijas de Dios, tenemos entonces como resultado en nuestras vidas la santificación (Romanos 6:22) y estaremos dispuestas a darlo todo por Cristo. No es algo que se mostrará en apariencias, será una realidad, impactará a todos los que nos rodean.

Al igual que los primeros cristianos, no podremos dejar de decir lo que Cristo ha hecho en nosotras (Hechos 4:20) y será el testimonio no de nuestro poder o capacidad, sino el poder transformador de Dios en Cristo, en ti y en mí. Seremos entonces mujeres ¨para alabanza de la gloria de su gracia¨ (Efesios 1:6).

Oración: Amado Señor, no podemos expresar la gratitud por lo que has hecho a nuestro favor. Permítenos serte fiel, estar firmes y constantes creciendo en la obra del Señor siempre (1 Corintios 15:58) y mostrar por medio de nuestra conducta el cambio que has obrado en nosotras, siendo halladas fieles y no falsas. Descansamos en ti y la obra de Cristo. Por Jesús te lo imploramos, amén.

Por Rosa Glennys Rodríguez

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